Aún no se sabe si Paulo Coelho aceptará el desafío de pasar a formar parte del mundo de la política, pero el trascendido fue suficiente para que a varios de sus seguidores comenzara a preocuparles la idea de que el brasileño dejara de escribir para dedicarse por completo a una posible función pública.

Es que, a pesar de las críticas que ha soportado, Coelho ha construido una trayectoria sólida en el ámbito literario, con títulos que batieron récords de ventas y han sido traducidos a una gran cantidad de idiomas.

Antes de consolidarse como escritor a través de obras como “El Alquimista”, “Brida” y “El demonio y la señorita Prym”, tal como recordará más de un estudioso de la literatura, el exitoso autor debutó como novelista con “El peregrino de Compostela. Diario de un mago”.

A diferencia de otros de sus trabajos, este primer material surgió por una experiencia propia que lo llevó, entre 1986 y 1987, a transitar el Camino de Santiago. En él, Coelho plasmó una historia apasionante donde no sólo hay espacio para las aventuras protagonizadas por el peregrino y el misterioso y enigmático guía espiritual Petrus, sino también para describir algunos ejercicios de relajación y meditación.

Si bien algunos encontrarán en esta novela un simple relato donde el protagonista se ve obligado a enfrentar una gran cantidad de obstáculos, otros hallarán en este trabajo una maravillosa parábola sobre la importancia de encontrar nuestro camino.

Hasta el momento, “El peregrino de Compostela. Diario de un mago” le ha dado grandes satisfacciones a su creador ya que, además de ser su primera novela y haberse transformado en best seller, le permitió a Coelho disfrutar del privilegio de tener una calle con su nombre en Santiago de Compostela. “Mi vida cambió después de hacer el camino de Santiago”, aseguró en una oportunidad el autor. A juzgar por los acontecimientos, esa frase no podía ser más acertada.