Paulo Coelho, ¿entrevistado malhumorado o genio del marketing?

El escritor brasileño Paulo Coelho sabe cómo hacer para captar la atención de multitudes. Se trata de uno de los autores más vendidos de todo el mundo y de uno de los más populares en las redes sociales: supera los 29 millones de “Me Gusta” en Facebook y los 15 millones de seguidores en Twitter.

Paulo CoelhoPese a que los críticos literarios suelen hacer hincapié en la simpleza de sus personajes y en los recursos básicos que emplea para construir sus historias, Coelho logró ser elegido miembro de la Academia Brasileña de las Letras e integra la Legión de Honor francesa, por ejemplo. Más allá de su talento para escribir, es evidente que el creador de “El alquimista” conoce a la perfección cómo venderse.

En este marco puede entenderse lo ocurrido con una entrevista que le realizó la periodista Virginia Drake para el suplemento XL Semanal del diario español ABC. La nota en cuestión, por su contenido y su (supuesto) contexto, generó una enorme repercusión y logró hacerse viral, alcanzando una presencia muy extendida en las redes.

Con gran habilidad, Drake va narrando los pormenores de su encuentro con Coelho, quien la recibió en su mansión de Ginebra. La idea era hablar de “Hippie”, el nuevo libro del brasileño. La entrevistadora no tardó en preguntarle si era posible ser hippie viviendo rodeado de lujos y con mayordomo, algo que aparentemente enfureció al escritor.

“¡Déjame hablar!”, responde Coelho en un momento, enojado porque Drake no le permitía explicarse. El autor, quien pidió “borrar todo” y empezar de nuevo ya que no se sentía “cómodo”, incluso caminó en silencio por la habitación durante varios minutos antes de decidirse a continuar con el diálogo, según puede leerse en XL.

Muchos lectores sintieron que Drake acorraló a Coelho al marcarle sus contradicciones. En el sitio web de la radio argentina Mitre, por ejemplo, sostienen que el novelista hizo un “papelón”.

Pero Coelho, en su propia cuenta de Twitter, calificó la entrevista como “excelente” y confesó que “funcionó como imaginamos”, ya que “Hippie” obtuvo una gran difusión. Ante una seguidora que afirmó que era “muy decepcionante” descubrir que “ya todo es negocio”, el escritor se limitó a responderle que hizo que “los haters” (los “odiadores” que difaman y critican a través de Internet) trabajen a favor suyo.

Una vez más, Coelho demostró que maneja el negocio de la literatura como nadie. Mientras miles se indignan con él y lo condenan, el brasileño sigue acrecentando su cuenta bancaria.

Links relacionados:

http://paulocoelhoblog.com/2018/04/16/hippie-primeiro-capitulo/

https://www.larepublica.ec/blog/cultura/2018/04/11/paulo-coelho-relata-su-vida-como-hippie-en-su-libro-mas-autobiografico/

Comentarios2

  • Antonio José Royuela

    Totalmente de acuerdo, Julián. Independientemente de su talento que no voy a valorar, está claro que es un mago para levantar expectación.

    • Julián Pérez Porto

      Es cierto, los críticos literarios podrán debatir sobre su talento para la escritura, pero es innegable su capacidad para llamar la atención, promocionar sus libros y vender ejemplares de a millones. Gracias Antonio por tomarte siempre unos minutos para comentar las notas, un abrazo.

    • Raoul Shade

      “El mundo”, como decía Shakespeare, “es un escenario y todos los hombres y mujeres son meros actores….” Coelho, gran actor del marketing, ídolo de las masas que se alimentan del del fast reading (lectura chatarra): dogma aglutinante, retorica, grandilocuencia, sentimentalismo. Algo así como el fast food (comida chatarra): monosodio de glutamato, azúcar, pesticidas, colorantes, etc.
      El poder popular es muy peligroso, por eso Coelho se ha convertido en otra vaca sagrada más del rebaño de la mediocridad. Hasta se permite el lujo de denigrar al heredero de Shakespeare: James Joyce. Milagro que no haya denigrado a Borges o Roberto Bolaño. Las masas, sedientas de escenas violentas, acuden al antisemita y sensacionalista Mel Gibson, en lugar de apreciar “El Evangelio según Jesús Cristo” de Pasolini. Obra maestra en blanco y negro. Un cine que rechaza la técnica y la violencia y opta por la frontalidad y la simplicidad, como el cine de R. Bresson y C. Dreyer.
      A los integrantes (o intrigantes) de las masas les falta “carácter”, que como decía Orson Welles, no se traduce por personalidad, ni tampoco por temperamento, sino por la manera en que se afrontan la vida y la muerte. Por eso leen a Osho (pensar quema las neuronas) en lugar de leer a Krishnamurti, lo cual equivaldría adentrarse en la impenetrable selva tropical de Panamá.
      Muy poco entienden del movimiento Surrealista; de la autenticidad de un A. Breton, L. Buñuel o Lautréamont, entre otros; y por eso prefieren las imágenes putrefactas de Dalí, otro gran actor del marketing y pionero de los selfies (sin camera digital).



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