Josefa Parra fue escogida ganadora del Premio Unicaja de Poesía 2006, su XXI edición. Este premio constituye uno de los más importantes en la actualidad, sirviendo de catapulta a muchísimos autores que hoy ya tienen un lugar firme en la literatura hispana. Josefa Parra Ramos

A Josefa la consagró ganadora su obra “La hora azul”, la cual fue elegida entre otras 312 obras presentadas al concurso. Al ser de carácter internacional, esto significa que entre esos escritos estuvieron las letras de escritores españoles, argentinos, cubanos, peruanos y, seguramente, de todos los países de habla hispana, o su mayoría al menos.

El jurado estuvo conformado por los escritores José Manuel Caballero Bonald, Felipe Benítez Reyes, Luis García Montero o Manuel Alcántara.

Muy contentos están los organizadores del concurso por su alta repercusión. En la XX edición, participaron 140 escritos. Esto supone un aumento de más del 100%. Contenta también está, por supuesto, Josefa Parra que se hace con el premio de 10 mil euros, un busto del escultor Miguel Berrocal y la publicación de su obra por parte de la editorial Visor Libros.

Josefa Parra es licenciada en Filología Hispánica y doctorada en Literatura Española y Teoría de la Literatura. Parra no es extraña a los premios, habiendo ganado ya el internacional de Poesía Loewe a la Creación Joven en 1995 (por “Elogio a la mala yerba�), el Premio Internacional La Poerte des Poétes en 1999 en París y el accésit del Premio Poesía Luis Cernuda (por “Tratado de Cicamces�). Tiene publicado hasta el momento “Elogio a la mala yerba�, “Geografía Carnal� o “Alcoba del agua�. Se sumará entonces a esta lista “Lo hora azul�.

Un poema seleccionado de Josefa Parra:

De la sed

Quitadme incluso el mar;
incluso el apretado cauce de los arroyos,
las acequias ruidosas de insectos, los estanques
donde los peces muerden la soledad del agua;
quitadme la tormenta,
los carriles de lluvia resbalando en el vidrio,
el rocío que preña de gotas los jarales,
la humedad de la noche lastimando los trigos.
Quitadme incluso el mar.

(La única sed que temo es la sed de su boca.)

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