En 1968, el escritor colombiano Gabriel García Márquez (quien, en 1982, fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura) escribió un cuento que, años después, daría origen a una película y a un ballet que lo daría a conocer bajo el título de “Al tercer día de lluvia”.

Un señor muy viejo con unas alas enormesLa historia, bautizada como “Un señor muy viejo con unas alas enormes” (un título por demás curioso), comienza a desarrollarse a partir de que a un pueblo de pescadores llega un hombre que, por sus alas, es considerado un ángel por algunos habitantes, pese a que el párroco del lugar cree que es un ser extraño que no merece ser llamado como tal.

Por la apariencia del recién llegado, la aldea no tardó en revolucionarse: además de señalarlo como una criatura celestial, muchos adultos comenzaron a admirarlo como hacedor de milagros y así fue como personas de todas partes comenzaron a llegar hasta el lugar en el que se encontraba este hombre convencidas de que él iba a poder remediar su mal.

La realidad se transforma cuando aparece en la región una feria ambulante que propone a los lugareños asistir a un espectáculo basado en la historia de una mujer que, por no obedecer a sus padres, se había convertido en araña. A partir de entonces, el ángel pierde su reputación pero no su esencia, razón por la cual un día, sin razones aparentes, este ser abandona el pueblo sin necesidad de utilizar los transportes tradicionales porque sus alas, enormes, le permitían volar.

Quien lee con atención el contenido de “Un señor muy viejo con unas alas enormes” no sólo tiene algunas horas de entretenimiento aseguradas, sino que también puede encontrar en el texto algunas ideas dignas de tener en cuenta a la hora de interactuar en comunidad, tales como el respeto por el otro y la importancia de aceptar aquello que resulta extraño o escapa, por algún motivo, a ciertos parámetros que indican la normalidad de un determinado ser u objeto.