Las manías de algunos escritores

Las manías de algunos escritores
Escritores con costumbres noctámbulas, autores que prefieren el día para dedicarse a las letras; en el mundo de la literatura hay para todos los gustos y colores, por suerte.

Debo confesarme curiosa en todo lo que atañe a los vicios y manías de los escritores que me gustan; en parte, esos detalles de su relación con la escritura los aseguran como seres humanos, terrestres, mortales. Quizá sea esa la razón que me lleva a hurgar en esa extraña relación que se establece entre sus vidas literarias y la realidad que los rodea. En el artículo de hoy, les presento exóticas manías de autores imprescindibles. Espero que lo disfruten.

Costumbres no tan recomendables

Ciertas costumbres pueden haber sido menos recomendables que otras: autores que sólo podían ser asaltados por la inspiración con una botella de alcohol de por medio o bajo el influjo de alguna droga en particular.

En el caso de Robert Antelme y Jean-Paul Sartre, era indispensable tener cerca una botella de whisky; ambos confesaron que de este modo se sentían formando parte del ruido de la noche urbana donde ruido, tabaco y alcohol eran protagonistas y a ellos sus aromas les producían un gran estímulo que los ayudaba a crear, pensar y dar lo mejor de ellos mismos.

Si de aromas se trata, también es particular la manía que se le conoció a Lord Byron quien siempre llevaba en uno de sus bolsillos unas trufas, porque su aroma le inspiraba para escribir.

William Faulkner era otro aficionado al alcohol, que bebía sin parar mientras estaba escribiendo, whisky (me causa cierta curiosidad la impermeabilidad con la que estaban hechos estos autores). Por lo visto William comenzó a beber tras conocer a Sherwood Anderson con quien se reunían para escribir. Se sentaban en un sitio apartado con una botella de whisky y Anderson le contaba sus andanzas mientras William escuchaba y bebía; después volvía a su casa y se sentaba a escribir, todavía bajo la hipnosis del alcohol. Y así sucesivamente: se encontraban tomaban, y luego cada uno se iba a su casa a continuar escribiendo. Desde entonces se asentó en él la necesidad de tener un vaso de whisky para poder dar rienda suelta a su imaginación. ¿Habría sido posible la maravillosa novela «Luz de agosto» sin esta extraña manía?

Las manías de algunos escritores

Excentricidades en el atuendo

Algunos autores rozaron la excentricidad en lo que a manías se refiere; el caso de Alejandro Dumas me causa especial risa: por lo visto el autor de «Los tres mosqueteros» no podía sentarse a escribir si no llevaba puesto una sotana roja con mangas largas y unas sandalias, era la forma en la que la inspiración podía encontrarle.

Otro que tenía manías relacionadas con su atuendo fueron John Milton que se envolvía en una vieja capa, Pierre Loti que se vestía con ropa oriental y sólo escribía en su escritorio adornado con elementos turcos y el conde de Buffon que se vestía de etiqueta y siempre llevaba la espada ubicada en su cinturon.

Francine Prose también reconoció en una entrevista sus costumbres especiales en lo que a su atuendo respecta. Contó que escribe sólo vistiendo una camiseta de su esposo y unos pantalones de pijama a cuadros rojos y negros que tienen que ser rigurosamente de franela. Curioso ¿Verdad?

Las manías de algunos escritores

Soledad, silencio y escritura

Escribir es una dichosa tarea pero en algunos casos también lleva a la ruptura con la realidad; exige una cierta concentración y entrega que es difícil combinar con otras materias de nuestra humanidad. Así lo experimentó Michael Chrichton, quien vivió literalmente para escribir y esto derivó en una intensa soledad que se vería mermada por numerosas relaciones de pareja que no tuvieron finales felices pero que le permitieron reducir su grado de infelicidad, quizás.

Algunos autores necesitan el silencio absoluto para entonar las palabras. Me confieso en este grupo, en el que por lo visto también estuvo Michel Eyquem de Montaigne que dicen que se encerraba en una torre para poder escribir y que sólo salía para comer, prohibiendo el paso a su guarida a todo el mundo.

Jean-Jaques Rousseau también tenía costumbres similares; en su caso, la escritura sólo podía venir mientras realizaba largos paseos por el campo (y todavía el trinar de los pajaritos conseguía desconcentrarlo).

Honoré de Balzac también está dentro del grupo de los excéntricos, aunque su costumbre consistía en dormir durante la tarde para poder escribir de noche. Se acostaba después del almuerzo y dormía hasta la medianoche; entonces se levantaba y comenzaba su jornada laboral hasta que ya las luces del día habían dominado a las sombras en su habitación; del avance de las luces sobre las sombras habla su escritura ¿será que sin esta exótica costumbre no habría podido formarse en una obra tan contundente?

Costumbres, vicios, manías, ¿acaso la vida (o la literatura) sería posible sin un poco de cada uno de ellos?

Las manías de algunos escritores

Comentarios3

  • Rapsodico

    Curiosas e interesantes costumbres 😉
    Un abrazo, Tes.

  • Nhylath

    Así es!... interesantes manías que llevaron a cada uno de ellos a la fama en el campo literario ! Y los escritores del siglo XXI quě manías tendrán? Serīa interesante también conocerlas! Jejeje

  • Ramon33

    Gracias Tes por informarnos de manías , a ver si valiéndonos de ellas logramos escribir. Ojalá, sigue aconsejándonos.



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