Hablemos de Rousseau leyendo a Roberto Aramayo

Hablemos de Rousseau leyendo a Roberto Aramayo

Hace unas semanas compartí una pequeña reseña sobre la obra «Giros narrativos e historias del saber«, publicada por la fabulosa editorial Plaza y Valdés Editores, la cual les recomiendo muchísimo. En esta oportunidad vuelvo a esa obra para quedarme con el capítulo de Roberto Aramayo en torno al giro afectivo de Rousseau dentro del culto ilustrado a la razón.

Roberto Aramayo es historiador de las ideas morales y políticas y trabaja como profesor en el Instituto de Filosofía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Además, es el director de la revista ISEGORIA y uno de los autores reunidos en esta edición de Giros narrativos e historias del saber publicado por Plaza y Valdés.

Aramayo comienza el capítulo con una cita de G. Casanova que es muy ilustrativa del texto que la acompaña. Al leer a Rousseau lo no podemos evitar conmovernos porque dentro de la crueldad de su retórica hay un sentimiento tan profundo que acompaña cada una de sus palabras que vuelven estéril el impulso de no atenderlo. EL propio Kant se propuso releerlo hasta que la belleza de su estilo no lo distrajera y pudiera estudiarlo ante todo con la razón. Pero ¿acaso eso es posible? En Rousseau los sentimientos se abren camino y consiguen que las ideas vayan amalgamándose detrás de ellos, dando como resultado la imposibilidad de concebir el pensamiento lejos del sentir de los afectos.

El giro afectivo en la filosofía

Hubo un momento en el que la filosofía se diferenciaba de la literatura porque en ella sólo cabían razonamientos lógicos que interpretaban la vida a partir de las ideas y donde los sentimientos no tenían cabida. Y hubo un primer día en el que los filósofos descubrieron el sentimiento. Uno de estos primeros autores que le dieron supremacía a los sentimientos fue Rousseau; decimos por tanto que fue el encargado de darle un giro afectivo a la historia del saber.

Por supuesto que esto no significa que antes el sentimiento no importara; de hecho, existen una serie de autores de la Ilustración que realzan los sentimientos como fuente imprescindible de todos los placeres (Kant, Hutchenson, Smith y Diderot); sin embargo, al acercarse a ellos lo hacían con el fin de señalar algún tipo de patología o vicio que era necesario purgar.

Lo que caracterizó a Rousseau fue la conciencia de la importancia de una retórica destinada a activar eficazmente los afectos del destinatario. (¿Hablamos de literatura?). Rousseau es auténtico, expresa Aramayo, porque supo convertir sentimientos como el amor de sí o la piedad en ejes de su doctrina política, dando un giro afectivo a todos y cada uno de sus escritos.

A partir de Rousseau surge un nuevo concepto en filosofía que se conoce como inteligencia emocional y que a lo largo de los años ha adquirido una gran popularidad.

Hablemos de Rousseau leyendo a Roberto Aramayo

Cuando los métodos no tienen cabida

Rousseau afirma que la mejor guía para escribir es aquella estela que van marcando los sentimientos, la forma en la que hemos experimentado la vida. Porque antes de entender ya sentíamos, antes de saber qué era el amor ya sentíamos cómo era el amor. Y agregaba que mediante la razón no se puede establecer ninguna ley natural porque para nosotros, existir equivale a sentir.

La pregunta quizás que cabe hacerse es ¿cómo estudia un filósofo los sentimientos? Para hacer un análisis de las ideas la filosofía se basa en una serie de métodos que le sirven para organizar, contrastar y controlar el estudio, pero ¿vale un método científico para estudiar los afectos?

En este punto puede que el papel de la literatura sea requerido: antes de que apareciera el giro afectivo en la filosofía, en las historias se podía plasmar el crisol de las emociones, y acercarse a un mediano entendimiento de las formas de querer y vivir de las personas. La literatura ayuda a vivir moral, estética y psicológicamente y es posiblemente debido a esto que la filosofía se ha mudado cada vez más a este arte de vivir.

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El recuerdo en el presente

Este es seguramente uno de los principios de Rousseau que más me interesa y que creo está perfectamente encarado en este capítulo. La idea de que seamos capaces de recordar el pasado desde el presente modificando la memoria creo que permite comprender a fondo la madera de la que estamos hechos. Porque al acercarnos a viejas experiencias surgen nuevos sentimientos, vinculados con el presente; sería como una nueva forma de entender o de responder ante ese recuerdo o esa experiencia. Y cuando recordamos el papel de la razón se vuelve indivisible de la memoria afectiva.

Como ya lo he dicho, Rousseau expresaba que ya que aprendemos a sentir antes de a pensar, enlazamos los recuerdos por las percepciones y no por las ideas; por lo tanto no podemos encarar el pensamiento aislándolo de nuestros afectos.

Todo el pensamiento roussoniano gira en torno al amor a uno mismo y el sentimiento derivado de ese amor, que sería la compasión. Estaba convencido de que nuestra sensibilidad es incontestablemente anterior a nuestra razón. Y de que no podemos equivocarnos en lo que hemos sentido ni tampoco podemos cuestionar aquello que nuestros sentimientos nos hayan llevado a hacer. Porque existen dos grandes pulsiones primitivas en el ser humano la piedad (esa repugnancia al sufrimiento) y el instinto de conservación (interés por el propio bienestar). Cerrando esta idea sería necesario expresar que para este intelectual los actos de la conciencia no son juicios sino sentimientos.

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La fusión entre realidad y ficción / filosofía y literatura

En la obra de Rousseau comprendemos que discriminar entre ficción y realidad es difícil porque el límite de lo real está pautado por nuestra forma de sentir y esto es diferente en todas las personas.

La literatura es un espacio en el que cabe el discurso autobiográfico tanto como el ficcional; es más, donde ambos toman elementos del otro para construirse y, por lo tanto, se vuelven indivisibles. Es probable que no podamos construir una estética narrativa fuera de nuestras experiencias: lo que nos interesa contar, lo que nos conmueve, lo que nos importa, todo está vinculado con la manera en la que sentimos; por lo tanto, es posible que para muchos de nosotros gran parte de lo expuesto por Rousseau sea una verdad inamovible. Y, en lo que a la filosofía respecta, la prueba innegable de la importancia del pensamiento de este autor reside sin duda, en la gran relevancia que ha adquirido la inteligencia emocional en la historia de este saber.

Para terminar podemos decir que, si bien Rousseau no fue el primero en pensar en el amor y los sentimientos, sí fue el que consiguió plasmar la idea de que el amor de sí y la compasión son dos elementos que vertebran un sistema narrativo que permite contar y pensar la vida.

Vuelvo a recomendarles este libro y especialmente este delicioso capítulo que Roberto Aramayo ha escrito con una sencillez y un buen gusto dignos de mi admiración.

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