En 1914, el escritor y filósofo español Miguel de Unamuno publicó una obra que se dio a conocer como “Niebla” pero que su creador subtituló “nivola” para demostrar así la distancia de su relato en relación a la novela realista.

A diferencia de los relatos convencionales, en este experimento de perfil filosófico bautizado “Niebla”, las acciones se desencadenan de forma rápida y se centran en las vivencias de cada uno de los personajes.

De esta forma, al leer este destacado libro que ha sido objeto de múltiples traducciones y un sinfín de elogios, uno puede conocer la historia de Augusto Pérez, un hombre que, en medio de las transformaciones psicológicas y emocionales que sufre tras la muerte de su madre, se enamora de Eugenia, una atractiva mujer que casi no conoce pero que, aún así, él idealiza y pretende conquistar.

Lejos de ser un personaje ficticio como cualquier otro, este ser que tiene la costumbre de pasear con su perro y desarrollar teorías filosóficas sobre acontecimientos cotidianos, posee el privilegio de rebelarse contra su creador a causa de la decisión de éste de matarlo. Pese al increíble enfrentamiento entre ambos que se desencadena por la inexistencia de la inmortalidad y los destinos trágicos, Unamuno cumple su objetivo y logra que Augusto muera.

Antes de dar por finalizado este artículo y dejar que aquel que se haya sentido atraído por el argumento de “Niebla” se predisponga a leer la obra, resulta interesante dar a conocer un dato vinculado al título elegido para bautizar a esta propuesta literaria.

Aunque a simple vista no se pueda establecer el por qué de esa decisión, cuando uno lee la historia toma conciencia que “niebla” es el término ideal para resumir en una sola palabra todas aquellas dudas, confusiones, tristezas y la humillación que Augusto siente a lo largo de la obra.