En 1995, el talentoso escritor portugués José Saramago publicó en forma de novela una alegoría de la sociedad humana a la que tituló “Ensayo sobre la ceguera”. Con el tiempo, esa obra no sólo obtuvo una importante repercusión internacional sino que también fue llevada a la gran pantalla por el realizador brasileño Fernando Meirelles, quien la dio a conocer bajo el nombre de Ceguera.

En este fascinante relato repleto de metáforas, el drama se desencadena de repente, a partir de que una extraña epidemia de ceguera se reproduce por toda una ciudad. En este contexto, las víctimas no dejan de multiplicarse. En vano son los esfuerzos por internar en cuarentena y aislar a los afectados del resto de la población para evitar el contagio: esta misteriosa enfermedad se expande de forma ilimitada y las calles terminan por llenarse de personas invidentes a causa de una ceguera blanca cuyo origen y propagación nadie parece entender pero que obliga a todos a replantearse sus formas de vivir.

Con la situación fuera de control, el pánico, la desesperación, la crisis y el enfrentamiento social aumentan al mismo tiempo en que los afectados olvidan sus principios éticos y morales frente a la necesidad de sobrevivir a cualquier precio. Así surgirá entonces un profundo egoísmo y una llamativa crueldad que no hacen más que poner en evidencia las miserias del ser humano.

Más allá de ser una historia de ficción interesante que, sin duda, convierte a la lectura en un verdadero placer, el contenido de “Ensayo sobre la ceguera” invita al lector a reflexionar sobre la importancia de la solidaridad y el compromiso social, y a entender a la ceguera abordada por el autor no sólo como una enfermedad física, sino como un estado de indiferencia que termina por desencadenar el caos y la desesperación social.