La poesía suele estar asociada a la belleza de las palabras y del discurso. La forma es clave en el impacto que tendrá un poema: siempre se trata de elegir el concepto preciso y ubicarlo en el lugar apropiado.

César VallejoEsto no quiere decir que la poesía sea sólo forma y nada de contenido: nada más alejado de eso. De todas formas, hay que destacar que ciertas corrientes poéticas prestan una mayor atención a lo dicho en el discurso.

Una de ellas es la poesía social, tal como se conoce a un movimiento poético español que se desarrolló en las décadas del “50 y del “60. Su característica principal era la denuncia de las condiciones políticas tras la Guerra Civil y durante la dictadura del Generalísimo Francisco Franco.

Los poetas que siguieron esta línea intentaron hacer una continua reivindicación de la libertad, ante la censura y las presiones oficiales contra los opositores al régimen. Por eso, sus poemas muchas veces sufrieron las tijeras de los censores de Franco.

La revista “Espadaña”, que se editó entre 1944 y 1951, fue clave en el desarrollo de la poesía social. Allí publicaban sus poemas aquellos autores que consideraban que la poesía era un instrumento para cambiar la realidad y para concienciar a la sociedad sobre las injusticias. César Vallejo, Blas de Otero y Pablo Neruda fueron algunos de los poetas que publicaron en dicha revista.

De todas formas, hay que destacar que lo que hoy se entiende por poesía social trasciende dicho movimiento. En Latinoamérica, una región que sufrió innumerables dictaduras, fueron muchos los poetas decididos a denunciar crímenes y atropellos contra la libertad. El uruguayo Mario Benedetti, el salvadoreño Roque Dalton, el argentino Juan Gelman y el cubano Nicolás Guillen son sólo algunos nombres de autores comprometidos con su tiempo y con su entorno.