Una de las cuestiones que reincide en los debates literarios es si existe una literatura masculina y otra femenina y libros para uno u otro sexo. Hay dos opiniones completamente opuestas, una se apoya en las diferencias e intenta resaltarlas, generalizando todo la obra de los hombres en comparación con la de las mujeres, la otra afirma que sólo existen buenas o malas obras, indiferentemente de quién las escriba y para quién van dirigidas. Coincido con esta segunda opinión y en este artículo explicaré por qué.

 

La mujer en la literatura

Hace siglos que las mujeres escriben y publican, sin embargo es muy reciente la aceptación de las obras escritas por escritoras. Y, si se tiene en cuenta que se han entregado desde los comienzos del Nobel 107 galardones y que tan sólo 12 de ellos han sido para mujeres, puede deducirse que estas no son tenidas en cuenta a la hora de valorar el trabajo literario.

Desde los orígenes, la intelectualidad parece ir íntimamente unida al sexo masculino y por eso mujeres como Aurore Duphin, Mary Ann Evans y las hermanas Brönte para conseguir cierto prestigio, decidieron publicar con seudónimos masculinos.

Posteriormente, hubo una reivindicación de las mujeres, surgiendo la ideología feminista que intenta poner en igualdad de condiciones a hombres y mujeres, pero los resultados son los mismos, marcar más las diferencias entre ambos sexos.

Existieron y existen tanto buenos escritores como escritoras. Algunas mujeres a destacar son: Doris Lessing, Alfonsina Storni, Ursula Le Güin, Anne Sewell, Juana de Ibarborou, Ana María Matute, Silvina Ocampo, Gabriela Mistral, Herta Müller, Rosa Montero, y la lista sigue y sigue… Las mujeres escriben y algunas lo hacen de manera fantástica, dejan huella, no se dedican simplemente a contar historias, ofrecen algo que puede ser una semilla para cambiar el mundo.

El constante conflicto entre géneros lleva a que cada vez se creen más prejuicios en torno a la labor de las personas sin importar la calidad de sus trabajos sino su género. Pero  con todo esto lo único que se consigue es colmar las librerías de etiquetas sin importar el valor real de las obras y generar una guerra que no se acaba y que no aporta nada positivo para el desarrollo de las letras.

Las consecuencias del sexismo

Uno de los peores males que debe soportar el mundo es el sexismo, en cualquiera de sus órdenes, este tipo de ideología daña todo lo que toca, y es tan malo el machismo como lo es el feminismo.

La autora barcelonesa Ana María Matute expresa que la literatura no es algo exclusivo de hombres o mujeres, que lo que importa son las buenas historias. Para ella el camino hacia la publicación no fue sencillo, pues en una época de guerra y censura conseguir una editorial era complicado, “sobre todo si eras mujer”, no había muchas mujeres que escribieran en ese momento; pese a ello, ella supo hacerse su lugar e insiste en la importancia de no caer en los estereotipos y los prejuicios, que mejor es que intentemos acercarnos a las obras y tomar de ellas lo que tienen para ofrecernos.

No existen libros para hombres y otros para mujeres, pese a lo que se nos intenta hacer creer a diario, cada persona es única y los intereses de ella no deberían estar relacionados con su sexualidad, sino con su autenticidad, con las características propias de su persona.

Mujeres que se salen de la norma

Entre las escritoras que admiro se encuentra Elfriede Jelinek, una mujer muy poco típica. Se trata de una persona íntegra que escribe acerca de los sufrimientos, las miserias humanas y el poder que tienen las experiencias del pasado sobre el presente. No es feminista, sus protagonistas generalmente son mujeres, pero podrían ser hombres y no habría diferencia, lo que de verdad importa son las historias, las vidas humanas que se encuentran en sus libros. Desde hace años, Elfriede se encuentra encerrada en su casa porque padece agorafobia, pese a ello no deja de escribir y sus aportes son realmente significativos para la literatura. Cabe destacar que es una de las 12 mujeres que han recibido el Nobel.

Otra escritora maravillosa es Rosa Montero, una mujer capaz de escribir Historia del Rey Transparente, donde una mujer se disfraza de hombre para poder recorrer el mundo, para salir de su casa y acercarse a todo un universo que le estaba vedado. Una escritora con una fuerza impresionante y cuyos personajes son más allá de su sexualidad, basta con ver su avatar en Second Life, Bruna Husky , quien le diera vida al personaje de su última obra, “Lágrimas en la lluvia”, o conocer a Cerebro, la física de “Instrucciones para salvar el mundo”.

Ser mujer no es sinónimo de fragilidad ni de sentimentalismos, como tampoco significa que una mujer fuerte, decidida y que escribe con garra sea necesariamente feminista.

Las mujeres que de verdad se salen de la norma, las que sorprenden con sus mentalidades abiertas y tienen la capacidad de demostrar lo que piensan y sienten sin temor a las etiquetas, ¡esas son las mujeres que hacen crecer la literatura!, las que escriben olvidando qué tienen debajo del pantalón o de la pollera.

La literatura es una de las artes que enriquece la vida en nuestras sociedades, permite que nos acerquemos a otras épocas, a personas completamente diferentes a nosotros, que nos identifiquemos con ellas, en mundos similares al nuestro o en otros ficticios. Leer un libro es similar a internarse en paraísos desconocidos y habitarlos, y vivir una vida paralela a la nuestra, siendo otra persona, teniendo otro nombre, incluso otra sexualidad.

En la literatura todo es posible; por eso determinar que una obra está orientada hacia un público femenino o masculino, es limitarla, es impedir que se mueva libremente en el mundo y llegue a quien tenga que llegar en el momento en el que debe hacerlo.