Carmen de la Cueva: «La Tribu es un espacio de literatura y feminismo»

Entrevista a Carmen de la Cueva (Primera Parte)La Tribu de Frida es un espacio de crítica literaria feminista que ha adquirido una gran relevancia de un tiempo a esta parte. Un espacio en el que, su creadora, Carmen G. de la Cueva dialoga con los lectores en torno a los libros escritos por mujeres que le han cautivado y reinvidica el trabajo de ellas en el gran mundo de la literatura.

La Calle Larios fue nuestro lugar-nolugar de encuentro. Mientras intentábamos imponer nuestras agudas voces al alboroto constante que es el centro malagueño en estas fechas, fueron surgiendo mis preguntas que Carmen recibía y devolvía con verdadera destreza. Dice que es una lectora devoradora de libros y además una recomendadora muy vehemente; que cuando un libro le gusta mucho habla de de él hasta el hartazgo, hasta que llega otro que la emociona y ocupa su lugar. Sólo hay que visitar la web para confirmarlo.

Sobre la Tribu de Frida y el espacio de la mujer en la literatura española, conversamos en esta primera parte de la entrevista.



P—¿Cómo comenzó la historia con la Tribu?

R—Algo cuento en la web. Estaba trabajando de librera en la Casa del Libro de Sevilla. Me llevé allí un año en el que sólo fui librera. El trabajo era cansador pero era bonito porque sueles encontrar a buenos lectores de vez en cuando. Y aunque me tocó la segunda de María Dueñas y Maxwell, momentos así, tan grandes, no merece la pena vivirlos como librera, yo disfrutaba de estar rodeadas de libros: la Casa del Libro de Sevilla tiene un fondo muy grande, porque son cuatro plantas. Pero cuando se me cumplió el año de contrato ya no me renovaron más. Y yo estaba, todavía casi que sigo igual, en una situación económica un poco precaria: mis padres no tienen trabajo; mi pareja trabaja de recepcionista aunque está doctorándose en literatura… en fin. Fue como un golpe en plan «¿ahora que hago otra vez?«; además en Sevilla, con menos posibilidades laborales. Y yo no vivo en la capital; vivo en un pueblo, que aunque no está muy lejos, para trabajar en la Casa del Libro tenía que ir todos los días en autobús, 50 minutos, y un poco me ahogaba.

»Y cuando ya me quedé sin trabajo y sin sueldo, que es lo importante, me sentí muy frustrada, muy fracasada. Tenía 27 años y me preguntaba ¿esto es lo me esperaba a mí en la vida? Cuando tenía 15 y ya sabía que quería ser periodista y escritora, todo el mundo me decía «¡qué genial eres; vas a llegar muy lejos!«… y te vas acercando a los 30 y ves que no se cumple ninguna de las expectativas que tenías en mente… Y me sentía fuera de todo, muy desarraigada del pueblo, de la profesión de periodista, muy mal conmigo misma… Y entonces me dije: pues voy a empezar a crear algo que sea mío, porque si no encajo en ninguna parte ¿por qué no me creo mi propio sitio? Y surgió la Tribu de Frida, que tenía un cariz un poco más personal al principio: todos los textos eran míos y yo hacía la selección de poemas y hacía las entrevistas. Pero cada vez fue teniendo más lectores.



P—Con la crítica literaria feminista, pienso que le encontraste la vuelta, ¿no? Me refiero a que has conseguido ofrecer algo diferente a lo que había, valiéndote de las nuevas herramientas. Porque no hay muchos sitios que hagan eso, ¿no?

R—Claro, a mí lo que me interesaba en ese momento era la escritura de mujeres. ¿Por qué? Pues porque los libros te pueden interesar de muchas maneras pero llega un momento en la vida en que te das cuenta que necesitas encontrar esas lecturas, esas referencias, que te enseñen a vivir la tuya propia. Y eso en la novelas de los hombres no lo suelo encontrar porque la mayoría hablan de ellos mismos; hablan de la mujer como el amor del hombre pero no hablan de ella misma, de sus deseos, de lo que siente….



P—Eso es algo que me interesa mucho. En tu larga lista de referencias en tus lecturas sólo aparecen mujeres ¿por qué? ¿no crees en los hombres que escriben por las mujeres?¿no crees que leer sólo a mujeres es una forma reduccionista de mirar el mundo?

R—No, yo sí leo a hombres. Pero es que hay muchos espacios donde se recomienda a hombres. Tú abres el Babelia, tú abres el Principal, y sólo hay escritores. Pero sí, sí leo a hombres. Sería una idiota sino. Si no hubiera leído a Karl Ove Knausgård; me he leído los tres volúmenes que están publicados hasta ahora: un hombre enamorado, me parece fascinante. Y hasta Ferrante, que la he leído después, era mi novela del año. Y también me gusta muchísimo Franzen.

»De hecho, en mis artículos en el Semanario Ahora hablo de muchos escritores hombres. Pero es que hay que decirlo: la Tribu es un espacio de literatura y feminismo y entonces, ya que la mayoría de los espacios virtuales se dedican casi en exclusiva a los hombres, por qué no me puedo dedicar casi exclusivamente a las mujeres. De hecho, he publicado a poetas chicos, tengo a traductores y a colaboradores hombres. O sea que no es que yo tenga algo en contra de los hombres.

Entrevista a Carmen de la Cueva (Primera Parte)



P—Claro. Es tapar esa deuda del mundo de la literatura con el trabajo de las mujeres…

R—Claro. Es que había un vacío. No sé si la Tribu lo llena pero sí es verdad que yo lo buscaba. Al principio sobre todo lo que quería era leer textos que me gustaría encontrar en otros sitios. Y lo hago de manera, un poco como para mí misma, porque me di cuenta de que en el instituto y en la universidad nunca me habían hablado de mujeres. Y quería llenar ese vacío.



P—Sin embargo en los últimos años hubo toda una serie de proyectos que se hicieron con el objetivo de visibilizar el trabajo de las mujeres. ¿Crees que es algo que realmente está ocurriendo (la igualdad entre hombres y mujeres) o sólo es una pantalla para tapar huecos? Me refiero por ejemplo a que los dos últimos Nobeles hayan sido para mujeres o al proyecto de las Sin Sombrero de la Generación del 27…

R—Bueno, lo de las Sin Sombrero era muy necesario y era un vacío. Y ya no sólo es que la dictadura franquista acabara con la literatura, con la cultura o con el talento en general, sino que hizo que las mujeres pasaran de ser modernas a volver a la sumisión, a ser las ángeles del hogar de nuevo.



P—Un terreno que ya se había ganado y que se perdió…

R—Efectivamente. Y fue como ir hacia atrás. Pero aún así, aunque el Franquismo tenga un papel muy relevante en esta cuestión, los propios miembros de la generación del 27 también; porque pienso en Concha Méndez, o pienso en María Teresa León y dices ¿quiénes eran sus maridos y qué hicieron con ellas? Porque María Teresa León era la política, era la intelectual, y fue tirando de Alberti y al final se ha quedado como Alberti el intelectual de la Generación del 27 y María Teresa León ¿quién se acuerda de ella? Es que ¿quién ha leído «Memorias de melancolía»? Y ¿cómo acabó? Acabó en una residencia porque Alberti no quiso hacerse cargo de ella cuando ella tuvo demencia senil muy tempranamente… y Alberti la dejó por el camino.



P—¿Y Zenobia Camprubí?

R—Sí, ya, es que Zenobia y Marga Gil para mí son muy especiales. Porque he leído bastante e investigado sobre el tema… Pero Zenobia en parte, hay algo de ella que quiso quedarse detrás de Juan Ramón. Porque al principio, en sus diarios más tempranos, o al principio de su matrimonio con Juan Ramón, ella era consciente pues que ya ni siquiera era que no pudiera hacer su propio trabajo sino que molestaba a Juan Ramón cuando le pasaba las notas a él a máquina. Juan Ramón era un loco que no sé si habría sido Nobel si ella no estuviera detrás. No sé. Pero sí es verdad que los maridos terminaban arramblando con todo.



P—Pero mi pregunta apuntaba al presente.

R—Uy, sí sí, me he ido con lo de las Sin Sombrero…



P—No, está bien. Si yo también me he dejado llevar… Es que es otro tema muy interesante también.

R—Yo creo que espacios como la Tribu de Frida son la punta del iceberg en realidad. Sirven un poco para que las nuevas generaciones de chicas y de chicos pues vean que es necesario reivindicar la literatura de mujeres, y creo que cada vez se va a hacer más. No creo que haya una vuelta atrás. Y que algún día la Tribu de Frida no existirá porque no hará falta. Porque en todos los suplementos literarios, en todas las publicaciones, habrá escritores y escritoras, críticos y críticas, y la literatura de mujeres será considerada como literatura y no como subcultura, que es lo que suele pasar.



P—¿Y no hay algo de responsabilidad de las mujeres en ello? Por ejemplo, conozco a muchas mujeres que no se presentan a concursos literarios porque están convencidas de que los premios están reservados para los hombres. ¿No crees que una de las razones por las que suelen ganar hombres podría ser la ausencia de las mujeres en los certámenes? Quiero decir: si a un concurso se presentan 10 hombres y 1 mujer, hay más probabilidades de que gane un hombre…

R—Pero no es sólo quiénes se presentan sino también los jurados. Generalmente están formados por hombres. Y ¿con qué tiene que ver que las mujeres sientan ese temor a no ganar? Pues que para la mujer históricamente la literatura era algo accesorio; el que escribía con la autoridad y la importancia era el hombre. Pienso en Alice Munro.

»Mira, ayer leí una anécdota de cuando ganó el Nobel. Un periodista de La Vanguardia le preguntó: «Sus personajes son siempre mujeres fuertes, mujeres muy decididas y ¿nunca ha pensado en escribir desde el punto de vista de un hombre? ¿Cree que sería capaz de hacerlo?» Y ella le dijo que no era una cuestión que se hubiera planteado pero que le recordaba a un escritor irlandés que a ella le gustaba mucho William Trevor. Estaban haciéndole otra entrevista precisamente y el periodista, en el artículo donde comentaba la reunión con William Trevor, dijo que en mitad de la charla apareció su mujer con una bandejita con pastas de té. Y Alice Munro se plantea. «Para las mujeres de mi generación, yo no sé para las mujeres actuales, pero para las mujeres de mi generación que escribir fuera algo importante o lo más importante, eso era impesable«.



P—Porque el valor intelectual lo tenía el hombre…

R—Y el cuidado de la casa, la mujer. O sea, ella escribía en el cuarto de la plancha mientras las hijas dormían la siesta. Y no es el único caso. Y la primera vez que se habló de ella, en un periódico de Vancuver cuando ganó un concursito, el titular decía «Ama de casa escribe relatos en su tiempo libre«. Y me recuerda otra cosa, que justo vi ayer. Ayer se cumplía el 90 aniversario de Carmen Martín Gayte y cuando ganó el Nadal en el ’58, el ABC lo anunciaba en su periódico con una foto de ella dándole de comer a su hijo; y el titular decía «La cena del Nadal«. Es que es muy difícil que todavía las mujeres no sintamos esa presión y ese temor de pensar que lo que escribimos no merece la pena. Es que llevan siglos diciéndonos que lo que escribimos no merece la pena.

Entrevista a Carmen de la Cueva (Primera Parte)


CONTINUARÁ…


Foto: La Tribu de Frida



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