Entre las decenas de comentarios que los visitantes dejan diariamente en este blog, hay una inquietud que es frecuente y que se repite sin distinción de nacionalidad, edad o género: ¿cómo escribir poesía?

Escribir poesíaLo primero que hay que reconocer es que no existen reglas precisas y de aplicación exacta que deriven en el poema perfecto. Por otra parte, hay que partir de la premisa que cualquiera puede comenzar a escribir poesía; lo importante es el perfeccionamiento y el esfuerzo que se dedique a ese proceso de aprendizaje, ya que nadie nace sabiendo.

En definitiva, lo mejor parece ser prestar atención a los consejos, recomendaciones y sugerencias que realizan aquellos que llevan años dedicados a la labor poética. Tal vez, un escritor incipiente puede tomar un poco de cada poeta y encontrar su propia fórmula que lo lleve a crear buenos poemas (aunque la distinción entre un buen y un mal poema, por otra parte, es relativa y subjetiva).

Podría decirse que existe un consenso acerca de que, para hacer poesía, primero hay que leerla, luego hay que aprender a reconocer sus técnicas y recién entonces, buscar la propia voz. Es cierto que el poeta escribe con el corazón o desde los sentimientos, pero es demasiado simplista creer que con eso basta.

El poeta Jaime Sabines, tal como publica el diario digital Fin, supo reflejar una paradoja: la libertad se adquiere con el mayor rigor y la mayor disciplina. Para el autor mexicano, hay que escribir periódicamente para aprender a escribir, así como el nadador debe meterse al agua todos los días para entrenar y perfeccionar su técnica.

Juan Gelman y Octavio Paz, por su parte, compartieron la creencia de que el proceso de escritura y corrección de un poema nunca se termina, sino que simplemente se abandona. Gelman siempre recalcó que la corrección es lícita y necesaria; es decir, no se trata de escribir en forma compulsiva lo primero que viene a la mente, con la excusa de “volcar” los sentimientos al papel.

Podemos cerrar este artículo citando a Roberto Arlt, quien no dudaba en afirmar que “el futuro es nuestro por prepotencia de trabajo”. El argentino aseguraba que el porvenir literario se construía con “sudor de tinta y rechinar de dientes”. Escribir poesía, por lo tanto, requiere de mucho más que inspiración.