Comentarios recibidos en los poemas de Nelly Cevallos - Liora
Manos blancas
David Arthur dijo:
.....Dame tu mano de nieve, hombre,
dámela para morder este perdón que me hace falta,
y que nos duela a los dos, sin remedio
esta salvación tan huérfana......
Un poema de un amor, una relación de querer y odio pero también los protogonistas se tejan una telaraña de servidumbre amoroso.
Un abrazo de amistad Liora
David
29 de junio de 2026 a las 13:55
David Arthur dijo:
.....Dame tu mano de nieve, hombre,
dámela para morder este perdón que me hace falta,
y que nos duela a los dos, sin remedio
esta salvación tan huérfana......
Un poema de un amor, una relación de querer y odio pero también los protogonistas se tejan una telaraña de servidumbre amoroso.
Un abrazo de amistad Liora
David
29 de junio de 2026 a las 13:55
Des-doble
Santiago Alboherna dijo:
inquietante poema, vos, testigo de tu sombra...
29 de junio de 2026 a las 10:51
Santiago Alboherna dijo:
inquietante poema, vos, testigo de tu sombra...
29 de junio de 2026 a las 10:51
Manos blancas
Jesús Ángel. dijo:
Un hablante vulnerable ofrece sus versos como lo único que posee y suplica amor, comprensión y perdón a un hombre de \"manos blancas\". Entre el rechazo y el afecto, expresa que solo el encuentro compartido con el dolor puede abrir el camino hacia una salvación humana y compasiva.
Dicho esto, Nelly Cevallos Iora, suma y sigue.
29 de junio de 2026 a las 00:36
Jesús Ángel. dijo:
Un hablante vulnerable ofrece sus versos como lo único que posee y suplica amor, comprensión y perdón a un hombre de \"manos blancas\". Entre el rechazo y el afecto, expresa que solo el encuentro compartido con el dolor puede abrir el camino hacia una salvación humana y compasiva.
Dicho esto, Nelly Cevallos Iora, suma y sigue.
29 de junio de 2026 a las 00:36
Manos blancas
Sheilo Sanz dijo:
Valorar el esfuerzo del otro es honrar su humanidad, algo que el mundo ha olvidado como responsabilidad.
Encantada mi estimada compañera poeta, de leerte, recibe un saludo cariñoso 🌹🙋♀️🧡💙
28 de junio de 2026 a las 23:38
Sheilo Sanz dijo:
Valorar el esfuerzo del otro es honrar su humanidad, algo que el mundo ha olvidado como responsabilidad.
Encantada mi estimada compañera poeta, de leerte, recibe un saludo cariñoso 🌹🙋♀️🧡💙
28 de junio de 2026 a las 23:38
Manos blancas
Lincol dijo:
Un poema muy intenso que habla del dolor, la necesidad de amor y el poder del perdón para acercarnos unos a otros.
Saludos cordiales.
28 de junio de 2026 a las 22:43
Lincol dijo:
Un poema muy intenso que habla del dolor, la necesidad de amor y el poder del perdón para acercarnos unos a otros.
Saludos cordiales.
28 de junio de 2026 a las 22:43
La testigo
Carlos Gómez dijo:
Tu poema es impactante y profundo, me impacta la originalidad de salirse de uno mismo para poder mirarse como una testigo, conmovedor poema, gracias por compartir
28 de junio de 2026 a las 20:23
Carlos Gómez dijo:
Tu poema es impactante y profundo, me impacta la originalidad de salirse de uno mismo para poder mirarse como una testigo, conmovedor poema, gracias por compartir
28 de junio de 2026 a las 20:23
Vertiente
Martha patricia B dijo:
Silencio total. Mejor admiro y continuó. Abracitos
28 de junio de 2026 a las 18:55
Martha patricia B dijo:
Silencio total. Mejor admiro y continuó. Abracitos
28 de junio de 2026 a las 18:55
Des-doble
Martha patricia B dijo:
Me encanta canta. Es un placer leerte. Abracitos. Feliz vida.
28 de junio de 2026 a las 18:51
Martha patricia B dijo:
Me encanta canta. Es un placer leerte. Abracitos. Feliz vida.
28 de junio de 2026 a las 18:51
Manos blancas
Martha patricia B dijo:
\"Te aborrezco por estar tan limpio,
y te amo por el mismo clavo.\".
Todo y mucho. Y al mismo tiempo poco. Que bello abracitos
28 de junio de 2026 a las 17:31
Martha patricia B dijo:
\"Te aborrezco por estar tan limpio,
y te amo por el mismo clavo.\".
Todo y mucho. Y al mismo tiempo poco. Que bello abracitos
28 de junio de 2026 a las 17:31
Manos blancas
Salvador Santoyo Sánchez dijo:
Dame tu mano de nieve, hombre,
dámela para morder este perdón que me hace falta,
y que nos duela a los dos, sin remedio
esta salvación tan huérfana.
Hay excelencia en tu versar, cuando se lee, nadie lo puede negar.
Saludos poeta LIORA
28 de junio de 2026 a las 13:55
Salvador Santoyo Sánchez dijo:
Dame tu mano de nieve, hombre,
dámela para morder este perdón que me hace falta,
y que nos duela a los dos, sin remedio
esta salvación tan huérfana.
Hay excelencia en tu versar, cuando se lee, nadie lo puede negar.
Saludos poeta LIORA
28 de junio de 2026 a las 13:55
Manos blancas
EmilianoDR dijo:
Gracias poeta Loira.
Que bien te ha quedado y que gusto leerlo.
Un cordial saludo.
28 de junio de 2026 a las 12:19
EmilianoDR dijo:
Gracias poeta Loira.
Que bien te ha quedado y que gusto leerlo.
Un cordial saludo.
28 de junio de 2026 a las 12:19
Manos blancas
José Antonio Artés dijo:
Tu poema tiene una verdad emocional que lo hace inolvidable. Su fuerza no reside en la complejidad de su lenguaje o en la originalidad de sus metáforas (aunque algunas son muy logradas), sino en la honestidad brutal con la que abordas el dolor de la distancia, la pérdida de la identidad y la traición de hacerse hombre en la ausencia de la madre. Como obsequio a este gran poema te envío este: LAS LLAVES DE MI CASA
Durante demasiado tiempo
confundí la paz
con la ausencia de portazos.
Habité una casa
de puertas siempre abiertas,
no por generosidad,
sino por el miedo
a escuchar el ruido de un cerrojo.
El “sí”
era una habitación templada.
No exigía explicaciones.
Entraba en la costumbre
como el polvo sobre los muebles:
sin hacer ruido,
hasta parecer parte de la casa.
También yo
acabé pareciéndome
a esa quietud.
Después comprendí
que existen asentimientos
que no nacen del afecto,
sino del temor
a que cambie la expresión
de unos ojos.
Cada “sí”
retiraba una piedra del muro.
Y uno cree
que sigue a salvo
porque el techo
todavía no ha aprendido a caer.
El primer “no”
no fue un portazo.
Fue el leve crujido
de una puerta
que volvía a cerrarse
desde dentro.
Costó.
No por la palabra,
sino por el espacio
que reclamaba.
Porque el “sí”
deja siempre libre el umbral.
El “no”,
en cambio,
aprende dónde empieza
la propia casa.
Sabe
que alguna puerta
dejará de llamar.
Que alguna silla
quedará vacía
alrededor de la mesa.
Y acepta ese silencio
como el precio
de una verdad.
Entonces comprendí
que el coraje
no siempre consiste
en caminar contra el viento.
A veces
basta con permanecer.
Quedarse en el centro del cuarto,
escuchar el eco
de los propios pasos
y reconocer,
por primera vez,
que esa voz
también era la nuestra.
Desde aquel día,
cada “no”
ha ido devolviendo,
despacio,
una llave a mi mano.
Ahora sé
que una casa
con todas las puertas abiertas
termina olvidando
quién vive dentro.
Cerrar una
no fue perder el mundo.
Fue empezar,
por fin,
a habitarlo desde mí.
José Antonio Artés Sánchez
28 de junio de 2026 a las 10:47
José Antonio Artés dijo:
Tu poema tiene una verdad emocional que lo hace inolvidable. Su fuerza no reside en la complejidad de su lenguaje o en la originalidad de sus metáforas (aunque algunas son muy logradas), sino en la honestidad brutal con la que abordas el dolor de la distancia, la pérdida de la identidad y la traición de hacerse hombre en la ausencia de la madre. Como obsequio a este gran poema te envío este: LAS LLAVES DE MI CASA
Durante demasiado tiempo
confundí la paz
con la ausencia de portazos.
Habité una casa
de puertas siempre abiertas,
no por generosidad,
sino por el miedo
a escuchar el ruido de un cerrojo.
El “sí”
era una habitación templada.
No exigía explicaciones.
Entraba en la costumbre
como el polvo sobre los muebles:
sin hacer ruido,
hasta parecer parte de la casa.
También yo
acabé pareciéndome
a esa quietud.
Después comprendí
que existen asentimientos
que no nacen del afecto,
sino del temor
a que cambie la expresión
de unos ojos.
Cada “sí”
retiraba una piedra del muro.
Y uno cree
que sigue a salvo
porque el techo
todavía no ha aprendido a caer.
El primer “no”
no fue un portazo.
Fue el leve crujido
de una puerta
que volvía a cerrarse
desde dentro.
Costó.
No por la palabra,
sino por el espacio
que reclamaba.
Porque el “sí”
deja siempre libre el umbral.
El “no”,
en cambio,
aprende dónde empieza
la propia casa.
Sabe
que alguna puerta
dejará de llamar.
Que alguna silla
quedará vacía
alrededor de la mesa.
Y acepta ese silencio
como el precio
de una verdad.
Entonces comprendí
que el coraje
no siempre consiste
en caminar contra el viento.
A veces
basta con permanecer.
Quedarse en el centro del cuarto,
escuchar el eco
de los propios pasos
y reconocer,
por primera vez,
que esa voz
también era la nuestra.
Desde aquel día,
cada “no”
ha ido devolviendo,
despacio,
una llave a mi mano.
Ahora sé
que una casa
con todas las puertas abiertas
termina olvidando
quién vive dentro.
Cerrar una
no fue perder el mundo.
Fue empezar,
por fin,
a habitarlo desde mí.
José Antonio Artés Sánchez
28 de junio de 2026 a las 10:47
Madre yo también lloro
José Antonio Artés dijo:
Tu poema tiene una verdad emocional que lo hace inolvidable. Su fuerza no reside en la complejidad de su lenguaje o en la originalidad de sus metáforas (aunque algunas son muy logradas), sino en la honestidad brutal con la que abordas el dolor de la distancia, la pérdida de la identidad y la traición de hacerse hombre en la ausencia de la madre. Me encanta. Como obsequio a tu maravillaoso poema el envío este mío: LAS LLAVES DE MI CASA: Durante demasiado tiempo
confundí la paz
con la ausencia de portazos.
Habité una casa
de puertas siempre abiertas,
no por generosidad,
sino por el miedo
a escuchar el ruido de un cerrojo.
El “sí”
era una habitación templada.
No exigía explicaciones.
Entraba en la costumbre
como el polvo sobre los muebles:
sin hacer ruido,
hasta parecer parte de la casa.
También yo
acabé pareciéndome
a esa quietud.
Después comprendí
que existen asentimientos
que no nacen del afecto,
sino del temor
a que cambie la expresión
de unos ojos.
Cada “sí”
retiraba una piedra del muro.
Y uno cree
que sigue a salvo
porque el techo
todavía no ha aprendido a caer.
El primer “no”
no fue un portazo.
Fue el leve crujido
de una puerta
que volvía a cerrarse
desde dentro.
Costó.
No por la palabra,
sino por el espacio
que reclamaba.
Porque el “sí”
deja siempre libre el umbral.
El “no”,
en cambio,
aprende dónde empieza
la propia casa.
Sabe
que alguna puerta
dejará de llamar.
Que alguna silla
quedará vacía
alrededor de la mesa.
Y acepta ese silencio
como el precio
de una verdad.
Entonces comprendí
que el coraje
no siempre consiste
en caminar contra el viento.
A veces
basta con permanecer.
Quedarse en el centro del cuarto,
escuchar el eco
de los propios pasos
y reconocer,
por primera vez,
que esa voz
también era la nuestra.
Desde aquel día,
cada “no”
ha ido devolviendo,
despacio,
una llave a mi mano.
Ahora sé
que una casa
con todas las puertas abiertas
termina olvidando
quién vive dentro.
Cerrar una
no fue perder el mundo.
Fue empezar,
por fin,
a habitarlo desde mí.
José Antonio Artés Sánchez
28 de junio de 2026 a las 10:19
José Antonio Artés dijo:
Tu poema tiene una verdad emocional que lo hace inolvidable. Su fuerza no reside en la complejidad de su lenguaje o en la originalidad de sus metáforas (aunque algunas son muy logradas), sino en la honestidad brutal con la que abordas el dolor de la distancia, la pérdida de la identidad y la traición de hacerse hombre en la ausencia de la madre. Me encanta. Como obsequio a tu maravillaoso poema el envío este mío: LAS LLAVES DE MI CASA: Durante demasiado tiempo
confundí la paz
con la ausencia de portazos.
Habité una casa
de puertas siempre abiertas,
no por generosidad,
sino por el miedo
a escuchar el ruido de un cerrojo.
El “sí”
era una habitación templada.
No exigía explicaciones.
Entraba en la costumbre
como el polvo sobre los muebles:
sin hacer ruido,
hasta parecer parte de la casa.
También yo
acabé pareciéndome
a esa quietud.
Después comprendí
que existen asentimientos
que no nacen del afecto,
sino del temor
a que cambie la expresión
de unos ojos.
Cada “sí”
retiraba una piedra del muro.
Y uno cree
que sigue a salvo
porque el techo
todavía no ha aprendido a caer.
El primer “no”
no fue un portazo.
Fue el leve crujido
de una puerta
que volvía a cerrarse
desde dentro.
Costó.
No por la palabra,
sino por el espacio
que reclamaba.
Porque el “sí”
deja siempre libre el umbral.
El “no”,
en cambio,
aprende dónde empieza
la propia casa.
Sabe
que alguna puerta
dejará de llamar.
Que alguna silla
quedará vacía
alrededor de la mesa.
Y acepta ese silencio
como el precio
de una verdad.
Entonces comprendí
que el coraje
no siempre consiste
en caminar contra el viento.
A veces
basta con permanecer.
Quedarse en el centro del cuarto,
escuchar el eco
de los propios pasos
y reconocer,
por primera vez,
que esa voz
también era la nuestra.
Desde aquel día,
cada “no”
ha ido devolviendo,
despacio,
una llave a mi mano.
Ahora sé
que una casa
con todas las puertas abiertas
termina olvidando
quién vive dentro.
Cerrar una
no fue perder el mundo.
Fue empezar,
por fin,
a habitarlo desde mí.
José Antonio Artés Sánchez
28 de junio de 2026 a las 10:19
La testigo
David Arthur dijo:
Nosotros , los lectores de tu profundo, intricado e intrigante poema , Liora, también somos testigos del encuentro de la testigo y su otro yo, en una espera recíproca.
.....Tu otro yo, la que escribe,
ya no te compadece.
Solo toma notas de tu ruina
y se pregunta
cuánto más vas a aguantar despierta,
porque ya nadie distingue
quién está esperando a quién....
Tengo que admitir que era difícil lograr darte un comentario.
Saludos de mi amistad
David
28 de junio de 2026 a las 08:59
David Arthur dijo:
Nosotros , los lectores de tu profundo, intricado e intrigante poema , Liora, también somos testigos del encuentro de la testigo y su otro yo, en una espera recíproca.
.....Tu otro yo, la que escribe,
ya no te compadece.
Solo toma notas de tu ruina
y se pregunta
cuánto más vas a aguantar despierta,
porque ya nadie distingue
quién está esperando a quién....
Tengo que admitir que era difícil lograr darte un comentario.
Saludos de mi amistad
David
28 de junio de 2026 a las 08:59
Amor relámpago
David Arthur dijo:
....Fue un tajo limpio en la sombra, una grieta de oro que dolió por su prisa.
Un incendio imprevisto y silencioso que dejó la noche temblando y los relojes rotos......
Gracias a una chiripa, dos corazones se acariciaron profundamente pero de repente sin aviso, él se marchó, y a pesar que él dejó un vacío, a ella, como consuelo, guardó un grato recuerdo.
Quizás agridulce pero hermoso tu poema, Liora, con unas buenas metáforas.
Un abrazo amiga y feliz domingo
David
28 de junio de 2026 a las 08:16
David Arthur dijo:
....Fue un tajo limpio en la sombra, una grieta de oro que dolió por su prisa.
Un incendio imprevisto y silencioso que dejó la noche temblando y los relojes rotos......
Gracias a una chiripa, dos corazones se acariciaron profundamente pero de repente sin aviso, él se marchó, y a pesar que él dejó un vacío, a ella, como consuelo, guardó un grato recuerdo.
Quizás agridulce pero hermoso tu poema, Liora, con unas buenas metáforas.
Un abrazo amiga y feliz domingo
David
28 de junio de 2026 a las 08:16
Manos blancas
noasubin dijo:
Nelly
Poetisa, tu magia es contundente y hermosa.
¡Qué magia tan especial en tu poema, amiga!
Tu verso es magia pura.
¡Me dejó sin palabras!
La magia de tus letras es impactante.
Recibe tu abrazo de amistad con mucho aprecio
28 de junio de 2026 a las 08:09
noasubin dijo:
Nelly
Poetisa, tu magia es contundente y hermosa.
¡Qué magia tan especial en tu poema, amiga!
Tu verso es magia pura.
¡Me dejó sin palabras!
La magia de tus letras es impactante.
Recibe tu abrazo de amistad con mucho aprecio
28 de junio de 2026 a las 08:09
La testigo
Jesús Ángel. dijo:
Una voz observa con distancia el desgaste de quien espera, hasta que solo queda una testigo recogiendo los restos de su soledad y su ruina interior..
Suma y sigue.
28 de junio de 2026 a las 00:46
Jesús Ángel. dijo:
Una voz observa con distancia el desgaste de quien espera, hasta que solo queda una testigo recogiendo los restos de su soledad y su ruina interior..
Suma y sigue.
28 de junio de 2026 a las 00:46
La testigo
Rafael Perez Ortola dijo:
Cuando el principal testigo es uno mismo, las demás presencias pueden ser desquiciantes.
Buenas cuestiones que nos retan.
Saludos cordiales.
27 de junio de 2026 a las 18:18
Rafael Perez Ortola dijo:
Cuando el principal testigo es uno mismo, las demás presencias pueden ser desquiciantes.
Buenas cuestiones que nos retan.
Saludos cordiales.
27 de junio de 2026 a las 18:18
La testigo
Salvador Santoyo Sánchez dijo:
Es un hermoso poema con metáforas inauditas.
Saludos poeta LIORA
27 de junio de 2026 a las 17:53
Salvador Santoyo Sánchez dijo:
Es un hermoso poema con metáforas inauditas.
Saludos poeta LIORA
27 de junio de 2026 a las 17:53
La testigo
Gabriel Hernán Albornoz dijo:
Guau Liora! Me ancantó esa doble personalidad del poeta testigo que se describe y escribe como se ve. Mucha realidad en un registro tan imaginario que como poeta vuelves en palabras lo casi imposible, y el lector lo percibe casi a la perfección. Y digo casi porque la imagen del comunicador puede tener una imagen ligeramente distinta a la del comunicado, pero no por ello imperfecta. Saludos amiga poetisa. Si me permites, recibe las felicitaciones de este humilde lector.
27 de junio de 2026 a las 14:17
Gabriel Hernán Albornoz dijo:
Guau Liora! Me ancantó esa doble personalidad del poeta testigo que se describe y escribe como se ve. Mucha realidad en un registro tan imaginario que como poeta vuelves en palabras lo casi imposible, y el lector lo percibe casi a la perfección. Y digo casi porque la imagen del comunicador puede tener una imagen ligeramente distinta a la del comunicado, pero no por ello imperfecta. Saludos amiga poetisa. Si me permites, recibe las felicitaciones de este humilde lector.
27 de junio de 2026 a las 14:17
Madre yo también lloro
Bet Vega Rojas dijo:
Sigo siendo tuyo! Pensé en mi hijo… y en su carrera que va hacia el uniforme.
27 de junio de 2026 a las 12:53
Bet Vega Rojas dijo:
Sigo siendo tuyo! Pensé en mi hijo… y en su carrera que va hacia el uniforme.
27 de junio de 2026 a las 12:53
La testigo
ElidethAbreu dijo:
Me ha encantado este descarnado poema.
Gracias querida Nelly por compartirlo.
Un fraternal abrazo.
27 de junio de 2026 a las 11:47
ElidethAbreu dijo:
Me ha encantado este descarnado poema.
Gracias querida Nelly por compartirlo.
Un fraternal abrazo.
27 de junio de 2026 a las 11:47
La testigo
Sheilo Sanz dijo:
Esperar tanto y esperar nada, dos realidades fluctuantes, que en la vida a veces percibimos, como razones de todo y de nada. Pero es el juego de la vida que te dice, que siempre hay que tener razones tan tuyas, que no permitan vacios de tí, aún en cualquier penumbra.
Encantada mi amiga poeta de leerte, son fascinante tus letras.
Recibe un abrazo bonito de compañerismo poético 🌹👥🧡💙
27 de junio de 2026 a las 10:50
Sheilo Sanz dijo:
Esperar tanto y esperar nada, dos realidades fluctuantes, que en la vida a veces percibimos, como razones de todo y de nada. Pero es el juego de la vida que te dice, que siempre hay que tener razones tan tuyas, que no permitan vacios de tí, aún en cualquier penumbra.
Encantada mi amiga poeta de leerte, son fascinante tus letras.
Recibe un abrazo bonito de compañerismo poético 🌹👥🧡💙
27 de junio de 2026 a las 10:50
Des-doble
Antonio Portillo Spínola dijo:
Este poema te obliga a contemplarte desde fuera, como si una parte de ti hubiera abandonado el centro de tu propia existencia. No eres simplemente la voz que habla: eres también quien observa esa voz, quien presencia su desmoronamiento. Esa fractura interior es el verdadero territorio del poema.
El primer verso,
«¿Quién me camina por dentro, / así, tan des-vivido?»
abre una pregunta que no busca respuesta, sino revelar el extrañamiento. La palabra «des-vivido» es un acierto. Es un neologismo que transmite la sensación de seguir existiendo, pero despojada del impulso vital, como si la vida hubiera perdido su raíz sin desaparecer del todo.
Cuando dices:
«Ayer estuve a la enésima potencia, / casi tocando el fondo de mi propia ausencia.»
llevas tu estado emocional al límite. La expresión «a la enésima potencia» introduce un lenguaje matemático en un poema profundamente íntimo, y ese contraste funciona porque intensifica la sensación de haber alcanzado un extremo difícil de medir con palabras comunes.
El centro del poema aparece con una imagen de enorme fuerza:
«Vi a mi sombra pasar de largo, / un esqueleto de aire / que lloraba.»
Aquí ya no solo estás separada de ti misma: incluso tu sombra se ha independizado. El «esqueleto de aire» es una imagen muy lograda. Une la estructura del hueso con la inconsistencia del aire para construir una presencia frágil, casi inexistente, pero profundamente doliente.
Entonces llega el verso que sostiene todo el poema:
«¿es que se puede ser la sombra de la sombra?»
Es una pregunta que concentra toda la pérdida de identidad. No eres únicamente una sombra: sientes que has quedado reducida al rastro de ese propio reflejo. Es una de esas imágenes que condensan el sentido del poema entero.
El desenlace introduce una esperanza muy contenida:
«Hoy la mañana ha amanecido un poco, / el sol limpia los vidrios...»
Ese «un poco» es esencial. No anuncias una recuperación plena, sino una leve apertura. La luz existe, pero todavía no alcanza a borrar lo vivido.
Y el cierre es especialmente hermoso:
«pero el hueso de ayer… / ay, el hueso de ayer todavía cruje su poquito.»
El «hueso de ayer» convierte el dolor en materia, en algo que permanece dentro de ti. El diminutivo «su poquito» evita el dramatismo y aporta una verdad muy humana: las heridas profundas no desaparecen de golpe; simplemente dejan de doler con la misma intensidad.
Como observación crítica, el verso «Ayer estuve a la enésima potencia» puede resultar algo abstracto en una primera lectura, porque no concreta de qué está elevada esa potencia. Sin embargo, el verso siguiente termina por darle sentido y el conjunto mantiene su coherencia.
Es un poema de gran honestidad emocional. No habla de la tristeza desde el lamento, sino desde el extrañamiento de quien se mira romperse y, aun así, alcanza a descubrir que la mañana vuelve, aunque sea solo un poco. Ahí reside su mayor acierto: en mostrar que la luz no borra el dolor, sino que aprende a convivir con él. Gracias Liora, por escribir con esa verdad. Ha sido un placer leerte.
27 de junio de 2026 a las 10:14
Antonio Portillo Spínola dijo:
Este poema te obliga a contemplarte desde fuera, como si una parte de ti hubiera abandonado el centro de tu propia existencia. No eres simplemente la voz que habla: eres también quien observa esa voz, quien presencia su desmoronamiento. Esa fractura interior es el verdadero territorio del poema.
El primer verso,
«¿Quién me camina por dentro, / así, tan des-vivido?»
abre una pregunta que no busca respuesta, sino revelar el extrañamiento. La palabra «des-vivido» es un acierto. Es un neologismo que transmite la sensación de seguir existiendo, pero despojada del impulso vital, como si la vida hubiera perdido su raíz sin desaparecer del todo.
Cuando dices:
«Ayer estuve a la enésima potencia, / casi tocando el fondo de mi propia ausencia.»
llevas tu estado emocional al límite. La expresión «a la enésima potencia» introduce un lenguaje matemático en un poema profundamente íntimo, y ese contraste funciona porque intensifica la sensación de haber alcanzado un extremo difícil de medir con palabras comunes.
El centro del poema aparece con una imagen de enorme fuerza:
«Vi a mi sombra pasar de largo, / un esqueleto de aire / que lloraba.»
Aquí ya no solo estás separada de ti misma: incluso tu sombra se ha independizado. El «esqueleto de aire» es una imagen muy lograda. Une la estructura del hueso con la inconsistencia del aire para construir una presencia frágil, casi inexistente, pero profundamente doliente.
Entonces llega el verso que sostiene todo el poema:
«¿es que se puede ser la sombra de la sombra?»
Es una pregunta que concentra toda la pérdida de identidad. No eres únicamente una sombra: sientes que has quedado reducida al rastro de ese propio reflejo. Es una de esas imágenes que condensan el sentido del poema entero.
El desenlace introduce una esperanza muy contenida:
«Hoy la mañana ha amanecido un poco, / el sol limpia los vidrios...»
Ese «un poco» es esencial. No anuncias una recuperación plena, sino una leve apertura. La luz existe, pero todavía no alcanza a borrar lo vivido.
Y el cierre es especialmente hermoso:
«pero el hueso de ayer… / ay, el hueso de ayer todavía cruje su poquito.»
El «hueso de ayer» convierte el dolor en materia, en algo que permanece dentro de ti. El diminutivo «su poquito» evita el dramatismo y aporta una verdad muy humana: las heridas profundas no desaparecen de golpe; simplemente dejan de doler con la misma intensidad.
Como observación crítica, el verso «Ayer estuve a la enésima potencia» puede resultar algo abstracto en una primera lectura, porque no concreta de qué está elevada esa potencia. Sin embargo, el verso siguiente termina por darle sentido y el conjunto mantiene su coherencia.
Es un poema de gran honestidad emocional. No habla de la tristeza desde el lamento, sino desde el extrañamiento de quien se mira romperse y, aun así, alcanza a descubrir que la mañana vuelve, aunque sea solo un poco. Ahí reside su mayor acierto: en mostrar que la luz no borra el dolor, sino que aprende a convivir con él. Gracias Liora, por escribir con esa verdad. Ha sido un placer leerte.
27 de junio de 2026 a las 10:14
La testigo
Rafael Escobar dijo:
Un estupendo adiós lleno de dignidad. Mi admiración llega a ti con mi cálido abrazo y mucho afecto.
27 de junio de 2026 a las 10:14
Rafael Escobar dijo:
Un estupendo adiós lleno de dignidad. Mi admiración llega a ti con mi cálido abrazo y mucho afecto.
27 de junio de 2026 a las 10:14
Amor relámpago
Gus Affranchino dijo:
Relámpagos infinitos en infinitas tormentas.
27 de junio de 2026 a las 09:53
Gus Affranchino dijo:
Relámpagos infinitos en infinitas tormentas.
27 de junio de 2026 a las 09:53
La testigo
noasubin dijo:
Nelly Cevallos
Saludo a quien teje misterios con palabras.
Me siento honrado de haber podido desentrañar
las maravillas que tu poema esconde.
Tu poema es un laberinto hermoso,
y ha sido un placer perderme en él,
descubriendo sus secretos capa a capa.
Te envío un cordial saludo
27 de junio de 2026 a las 09:39
noasubin dijo:
Nelly Cevallos
Saludo a quien teje misterios con palabras.
Me siento honrado de haber podido desentrañar
las maravillas que tu poema esconde.
Tu poema es un laberinto hermoso,
y ha sido un placer perderme en él,
descubriendo sus secretos capa a capa.
Te envío un cordial saludo
27 de junio de 2026 a las 09:39
La testigo
Patricia Aznar Laffont dijo:
Liora, leíste Mundar de Juan Gelman?
Esas metáforas como decir inesperadas , omo torcidas al vuelo hacen que tus versos tengan un sello y estilo únicos .
Vuelvo a escribir que yo devota de semejante poeta, perseguido y torturado durante la Dictadura en mi país de los años 70 ,me satisface y admiro a quien como vos pueda escribir como él .
Excelente, qué placer leerte, amiga!
27 de junio de 2026 a las 09:29
Patricia Aznar Laffont dijo:
Liora, leíste Mundar de Juan Gelman?
Esas metáforas como decir inesperadas , omo torcidas al vuelo hacen que tus versos tengan un sello y estilo únicos .
Vuelvo a escribir que yo devota de semejante poeta, perseguido y torturado durante la Dictadura en mi país de los años 70 ,me satisface y admiro a quien como vos pueda escribir como él .
Excelente, qué placer leerte, amiga!
27 de junio de 2026 a las 09:29
Madre yo también lloro
Nataly Olarte dijo:
Impresionante!
Bellísimo escrito, me llegó al alma.
26 de junio de 2026 a las 23:56
Nataly Olarte dijo:
Impresionante!
Bellísimo escrito, me llegó al alma.
26 de junio de 2026 a las 23:56
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