Proa, una revista vanguardista

Cuando en 1922 Jorge Luis Borges tuvo la idea de emprender una revista literaria, a la que llamaría Proa, posiblemente no se imaginaba que la misma se convertiría en un espacio de referencia para los entendidos de las letras no sólo de aquel momento, sino incluso varias decenas de años más tarde.

Florida y Boedo

Las primeras décadas del siglo XX fueron decisivas para las letras latinas debido al surgimiento de importantes autores y corrientes literarias.

Los movimientos fundamentales en Argentina, fueron los que cultivados en dos grupos absolutamente opuestos: Florida y Boedo. Ambos tenían con sus respectivas revistas, donde publicaban sus noticias y plasmaban las ideas que perseguían.

El periódico Martín Fierro fue una de las primeras publicaciones que realizó el grupo Florida y, varios años más tarde, debido al incentivo de Borges, nació Proa, esta revista que ahora muchos apasionados de las ideas borgianas desean rescatar del olvido. Mientras la primera fue en su momento la plataforma del ultraísmo en América Latina, la segunda exploró otros caminos de la vanguardia y tuvo una orientación más abierta y menos intransigente.

La vida de Proa fue corta, tan sólo duró dos años en los que se publicaron 15 números; posiblemente esto se deba a que tenía ideas que parecían inclusivas pero que no era posible llevar a la práctica, demasiadas diferentes ideológicas para una sola revista.

Volver a las raíces

Anthony Stanton y Rose Corral, dos investigadores del Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios del Colegio de México han rescatado de una forma cuidada y en una edición facsimilar, los valores de Proa; reproduciendo los 15 números pertenecientes a la segunda etapa de la revista. Los mismos son presentados con sus portadas originales y acompañados de un ensayo realizado por dichos investigadores, a través del cual introducen a los lectores en la labor que han realizado tan exquisitamente.

Anthony y Rose están convencidos de la relevante importancia que tuvo esta publicación para aquellos revueltos años, en los que varias revistas de índole literaria intentaban salir a flote, mostrar sus ideas, ser leídas, ubicarse en el centro del escenario y pugnar por su ismo en el Río de la Plata.

Entre Martín Fierro y Proa había un gran abismo, mientras el primero se mostraba irreverente, incapaz de ceder ni un milímetro a sus ideas extremistas, la segunda era más conciliadora, buscando ser inclusiva de las diversas ideas; pese a que muchos de los autores escribían en ambas publicaciones, sus textos eran asombrosamente diferentes, debiendo poner un freno a su agresividad y a su pro-ultraísmo al presentar escritos que saldrían en esta última revista.

Proa evitaba la polémica, intentaba ser simplemente una plataforma donde “todos” tuvieran cabida y pudieran compartir su arte, construyendo desde la pluralidad; de este modo se alejaba de lo hasta entonces conocido como una revista vanguardista, que en general suelen caracterizarse por su sectarismo dogmático, según lo expresó Corral; quien agregó que, por todo esto, fue una revista fundamental, porque marcó una nueva forma de entender la literatura y los ismos, una forma de incluir en una misma edición ideas muy diversas para construir desde esa diversidad.

Colaboradores de Proa

Pero ésta no fue una publicación para nombres poco conocida, entre los colaboradores de Proa se encontraban Macedonio Fernández, Roberto Arlt, Federico García Lorca y Benjamín Jarnés; además de importantes nombres del neosimbolismo francés, como Jules Supervielle y Saint-John Perse.

Según Corral y Stanton se nota un claro afán por trascender al vanguardismo cosmopolita y arribar a una modernidad más amplia y diversa, como lo es la cultura argentina, el resultado de la mezcla de orígenes tan diferentes, donde cada uno tiene algo que aportar y puede hacer de la vida algo más pleno y colorido.


La revista se inspiró en ULTRA, un tríptico español en el que Borges había colaborado y se había sentido sumamente interesado. Proa tenía un formato de 33×24 centímetros y circulaba de forma gratuita en las diversas librerías de la ciudad y entre los amigos de los autores. En lo que respecta a la redacción, se llevaba a cabo en el domicilio de Borges, en la calle Bulnes, de la ciudad de Buenos Aires.

Según lo afirmaban sus creadores, la revista no tenía aspiraciones elitistas, buscaba ofrecer la mejor literatura del momento para todo aquel apasionado de las letras. ¡Y lo consiguió! En ella participaban no sólo los más renombrados escritores argentinos, sino los autores más importantes de Europa, de las diversas corrientes que tenían lugar en aquel momento. Era un deseo hecho realidad: romper con las corrientes modernistas, pautar nuevas formas de publicación y de literatura.

Pero por bonito que resulte, la vida no es color de rosas y el dinero siempre termina imponiéndose a los sueños, por eso; cuando Ricardo Güiraldes abandonó el grupo, la revista se vino a pique, porque él era el que ponía la mayor parte del dinero que permitía sostener tamaño sueño, pero que no era gratis.

PROA continúa viva, pese a que el paso del tiempo hace estragos en las vidas de las sociedades y se ha llevado a muchos de los grandes protagonistas de la literatura de principios del siglo pasado, todavía hay mucha y buena literatura para compartir. Y por eso PROA vive.



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