La poesía de Francisco Brines

Te invitamos a leer la poesía de Francisco Brines, Premio Miguel de Cervantes 2020.


 
A Francisco Brines le han otorgado el Premio Miguel de Cervantes, para rendir tributo a una trayectoria fascinante y fabulosa. ¡Qué mejor ocasión para homenajearlo y, a la vez, invitarte a zambullirte en sus versos!

En este artículo hacemos un repaso rápido sobre su biografía y algunos de los temas más significativos de su poesía. Pero nada habla mejor de una obra que ella misma, así que deja de leernos y corre a leer cualquiera de los poemarios de Brines, para saber quién es, qué nos ha obsequiado.
 
 

Un niño en una generación de niños perdidos

Junto a la Generación del 27, la Generación del 50, a la que pertenece Francisco Brines, podría considerarse una de las más fructíferas de la poesía española. Autores y autoras como Caballero Bonald, María Victoria Atencia, Gloria Fuertes y el mismo Brines son el reflejo de una época que tanto tuvo de dureza vital como de potencial poético.

Una de las características de su generación es, seguramente, ese sentido de arraigo a la infancia, esa sensación de pérdida que ha sido alimentada por la guerra y las pérdidas humanas que toda familia acarrea de aquel tiempo, y que en estos autores se transfigura a través de la poesía.

Francisco Brines
nació en Oliva (Valencia) el 22 de enero de 1932. De su infancia conserva destellos que, a lo largo de los años se han aparecido y extendido a través de su poesía. Su sentimiento de extrañeza, sin embargo, también viene de aquel tiempo, y se ha ido agrandando hasta ser parte fundante de su poética.

Brines es sin duda uno de los poetas más relevantes de la Generación del cincuenta. Su poesía es como una lanza que te transforma. Y aquí encuentro yo una cuestión muy asombrosa: siendo un poeta homosexual, habiendo vivido en carne propia el desprecio, es asimismo uno de los poetas que más ha defendido la fiesta taurina. Siendo un poeta de la ética, de la búsqueda de la justicia social, esta inconsistencia en su poesía es algo que siempre me ha causado un asombro desconfiado. Evidentemente, Brines es un poeta único, de quien hay mucho que aprender, y como poeta, no deja de ser humano, quienes somos incoherentes por definición.

Volviendo a su trayectoria. Brines ha recibido halagos desde los comienzos y es, al día de hoy, uno de los poetas más estudiados de su generación. Ha recibido algunos de los premios más importantes de las letras, tales como el Premio Nacional de las Letras Españolas (1999), el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2010) y, recientemente, el Premio Miguel de Cervantes 2020.

La poética de la tierra perdida

Para muchos, Brines es uno de los autores más relevantes de su generación, la segunda generación de la posguerra, y se lo asocia con otras voces fundamentales de su tiempo tales como Ángel González, Félix Grande, Claudio Rodríguez, Caballero Bonald, Jaime Gil de Biedma.

El punto de partida de la obra de Brines es la poesía de Luis Cernuda. Sin duda a poco que lo leamos, podemos descubrir la gran influencia filosófica y formal del poeta sevillano. Asimismo, otro rasgo que los acerca es la homosexualidad, que ambos han sabido explorar tan bien en sus poéticas. También se nota una afinidad poética al leer a Brines, con ciertos poemas de Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez.

«Las brasas», así se tituló el primer poemario sonado de Francisco Brines, con el que se hizo en 1960 con el Premio Adonáis. Una década más tarde, con su libro «El otoño de las rosas» ganó el Premio Nacional de Poesía. Otros libros destacados de la obra de Francisco Brines son «Aún no», «Insistencias en Luzbel», «El otoño de las rosas», «La rosa de las noches», «Espejo ciego» y «Yo descanso en la luz».

Entre los temas más preponderantes de toda su obra podríamos destacar el paso del tiempo, el duelo siempre constante por la pérdida de la infancia, y también una reflexión sobre el carácter caprichoso y absurdo de la existencia. Podríamos destacar su gran capacidad para trabajar todos los temas desde una profunda melancolía por el pasado, pero sin la desesperanza del futuro. Un juego de equilibrio total, donde cada palabra significa y se enraíza en el presente.

La obra de Brines es amplia y colorida, y merece muchísimo la pena nuestra atención. Al leerlo, nos preguntamos con él en qué cueva de sombras van a parar las palabras. Que nadie deje de leerlo.



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