El lomo de la vida

Enriqueta Ochoa

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Tras la reclusión vino de improviso la luz.
Deslumbrada,
llegué al núcleo de un violento avispero.
Ajena a la concesión estudiada,
inoportuna,
con la simplicidad del que ignora
el aguijón de la insidia,
pasé la mano, sin malicia, por el lomo de la vida.
Dios mío, qué brutal quemadura.

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Comentarios1
  •  
    Kalma PASE LA MANO, SIN MALICIA, POR EL LOMO DE LA VIDA
    DIOS MIO, QUE BRUTAL QUEMADURA.
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