El lenguaje verbal cuenta con una doble articulación, lo que quiere decir que todo mensaje verbal puede ser dividido en dos tipos de unidades. Por un lado, aparecen los fonemas, que son las unidades mínimas de expresión. Por otro lado, los monemas representan las unidades mínimas con significado.

La raíz de las palabrasEsta doble articulación permite que una palabra pueda descomponerse en unidades muy pequeñas de significado; con que sólo se modifique una de estas unidades, cambia el significado completo de la palabra. Cabe destacar que la cantidad de monemas existente es limitada, pero muy extensa, al igual que la cantidad de palabras que pueden formarse.

Las raíces del castellano tienen su origen, por lo general, en el latín y en el griego. Lo que no está claro es de dónde provienen dichas raíces latinas y griegas. Los especialistas consideran que fueron tomadas del idioma indoeuropeo, ya extinto. De todas maneras, tampoco se conoce dónde se habrían originado las raíces indoeuropeas.

Aún con sus diferencias, todas las palabras de una misma lengua tienen algo en común. El monema que porta el significado original y da sentido a la palabra se conoce como lexema, que constituye la raíz. Todas las palabras que comparten una misma raíz (lexema) pertenecen a una misma familia léxica.

Por ejemplo: “niño”, “niñez”, “niña”, “niñería” y “aniñado” son palabras que comparten un mismo lexema (niñ-), por lo que forman una familia léxica. Sin embargo, sus significados son distintos, ya que están compuestas por diferentes monemas.

Hay que tener en cuenta que la raíz de una palabra tiene significado por sí misma. En cambio, los añadidos sólo funcionan para cambiar el significado de otros. Así, el lexema “mar” tiene su propio significado, y si se le suma “ino”, forma la palabra “marino”. El lexema “can”, sumándole “ino”, permite componer la palabra “canino”. Como puede verse, “ino” por sí mismo no tiene significado, pero puede dotar de significados diferentes a distintas raíces.