El escritor Fernando Vallejo, quien hace poco renunció a su nacionalidad colombiana con fuertes agravios a su país de origen, continúa con los golpes de efecto. En la presentación de su último libro (“La puta de Babilonia”, Editorial Planeta), aseguró que la Iglesia católica es una “institución genocida” y que “toda su historia está manchada de sangre”. La postura del escritor contra el catolicismo no es nueva.

Fernando VallejoEn un acto realizado en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Vallejo se mostró rodeado por una decena de perros y dispuesto a generar polémica, tal su costumbre. Resulta difícil realizar una crónica del evento sin citar sus textuales palabras.

Entre sus consideraciones, manifestó que la universidad es “un desastre”, en gran parte por culpa de la Iglesia católica. Culpó al difunto Papa Juan Pablo II por los miles de niños infectados con HIV, producto de su “prédica miserable” para seguir poblando el planeta. En palabras del escritor, Benedicto XVI tomó el lugar del Papa polaco para continuar “echando leña a la hoguera de la paridera”.

Vallejo afirmó, en tono jocoso, que “el que mate a un Papa no es un hombre violento, sino un justiciero”. También consideró que la existencia de Cristo es “una patraña” y criticó las acciones eclesiásticas para recaudar dinero. Para sorpresa de muchos de los presentes, el Premio Rómulo Gallegos 2003 aseguró que cree en Dios. “Lo que pasa es que es un monstruo, porque cómo siendo todopoderoso, pudiendo hacer todo bien, hizo esta chambonada de mundo”.

El novelista no quiso referirse a la polémica que generó su renuncia a la nacionalidad colombiana. “Soy mexicano y se acabó”, dijo en forma terminante. En cambio se explayó sobre su defensa de los derechos de los animales. Incluso culpó al auditorio por “las vacas que están acuchillando para que todos ustedes se las coman”.

“La puta de Babilonia”, último libro de Vallejo, se basa en documentos y hechos históricos para analizar a la Iglesia. La obra hace un repaso por los crímenes cometidos en su nombre desde el año 323, cuando recibió la adhesión del emperador Constantino.