La muerte de un escritor suele ser un momento de recordatorio sobre su vida y su obra. Resulta evidente que esta práctica es injusta, ya que no hace falta esperar a dicho momento para referirse a la trayectoria de los grandes autores. De todas formas, el reconocimiento final, aunque sea a través de unas breves líneas, siempre es bienvenido.

Roberto CastilloEn el último mes de 2007, fueron varios los escritores que perdieron la vida, como el estonio Jaan Kross, el mexicano Fernando Sánchez Mayans, el francés Julien Gracq, el venezolano José León Tapia, el argentino Víctor Sueiro y el argentino-venezolano Alberto Garrido. Este año, el triste listado es inaugurado por el hondureño Roberto Castillo, quien en 1984 obtuvo el Premio Latinoamericano de Narrativa Plural.

Este autor falleció ayer en Tegucigalpa, a causa de una enfermedad cerebral que le fue diagnosticada hace varios años. La información fue difundida por la Secretaría de Cultura de Honduras, que decretó tres días de duelo sin suspensión de tareas.

Nacido en 1950, Castillo estaba considerado como uno de los principales escritores del país centroamericano. Además de su labor literaria, que le ha permitido recibir distintos galardones (como el ya mencionado de Narrativa Plural y el Premio Nacional de Literatura Ramón Rosa en 1992), este escritor ejerció durante muchos años la docencia universitaria. Por más de dos décadas, fue catedrático de Filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras.

“El Corneta”, “Subida al cielo y otros cuentos”, “Figuras de agradable demencia”, “El ángel de todas las lenguas”, “El escritor dormido en una rama”, “La escritura del sueño”, “La guerra mortal de los sentidos” y “Anita, la cazadora de insectos” (que tuvo una versión cinematográfica a cargo de Hispano Durón) son algunos de los libros más reconocidas de este autor, que ha dejado unas 17 obras inéditas según informó su familia.