El 30 de noviembre de 1667 nació en Dublín un niño llamado Jonathan Swift. Por ese entonces, nadie podía sospechar que, durante su adultez, este irlandés quedaría en la historia de la literatura universal por haber creado una destacada obra de perfil crítico y satírico cuyo argumento parece burlar a la sociedad inglesa de su tiempo y deja al descubierto diversos conflictos propios del ser humano.

Como el título de este artículo lo anuncia, se trata de “Los viajes de Gulliver”, un libro que apareció en 1726 y, con los años, se consagró como un clásico a nivel internacional, fue traducido a varios idiomas e inspiró la creación de una versión cinematográfica. Pese a los siglos que han pasado desde su lanzamiento, puede decirse que este trabajo capaz de atrapar tanto a jóvenes como a adultos, en la actualidad sigue generando interés y admiración en miles de lectores.

En este ingenioso, creativo e interesante relato, el autor brinda la posibilidad de disfrutar de las aventuras de un viajero que llega, casi sin proponérselo, hasta unos países algo extraños. En uno de ellos, por ejemplo, Gulliver, el protagonista, adopta el aspecto de un gigante ya que, en esas tierras conocidas como Liliput, los habitantes se caracterizan por tener un tamaño muy pequeño, casi como el volumen de un dedal.

En Brobdingnag, por el contrario, este personaje parece ser el más indefenso enano ya que allí son mayoría los seres de tamaño excesivo así como en Houyhnhnms, su condición de humano resulta insignificante ante la superioridad de los caballos. Estos son capaces de emplear su nobleza e inteligencia para la construcción de una sociedad marcada por la justicia y la armonía general, un objetivo que no pueden alcanzar los yahoos, una especie de humanoide que habita en esa misma región pero, a diferencia de los animales, cometen actos indignos, poseen numerosos vicios y un carácter desagradable.