Inés Suárez, la compañera del conquistador Pedro de Valdivia, fue la primera mujer española que se instaló en Chile. Su existencia, lejos de pasar desapercibida o quedar en el olvido, le sirvió de inspiración a varios autores e, incluso, motivó a un compositor a crear una ópera.

La reconocida escritora Isabel Allende fue una de esas personalidades que decidió convertir la vida de Inés Suárez en un interesante material literario. Así le dio forma a “Inés del alma mía”, una especie de diario donde la protagonista decide incluir sus experiencias más importantes (tales como la del casamiento, sus aventuras extra-matrimoniales y sus viajes) con el objetivo de que Isabel, su hija adoptiva, pudiera conocer su historia.

Gracias a este relato, es posible conocer la personalidad y las vivencias de una muchacha humilde que se deja sorprender por el destino. Inés no se atemoriza cuando, al trasladarse hacia el Nuevo Mundo en busca de su marido, Juan de Málaga, la vida le esconde a su pareja pero pone frente a sus ojos a un hombre desconocido. Tiempo después, la joven costurera vivirá junto al ambicioso Pedro de Valdivia un apasionado romance y enfrentarán juntos los riesgos y las incertidumbres de la conquista y la fundación del reino de Chile.

Lejos de consolidar el vínculo, este logro trae consigo la ruptura sentimental. Si bien el alejamiento se hace inevitable y ella terminará por compartir su vida con Rodrigo de Quiroga, la huella dejada por Pedro de Valdivia jamás dejaría de acompañar a esta fuerte y valiente mujer llamada Inés Suárez.

Es cierto que “Inés del alma mía” se compone de una gran cantidad de datos históricos y no logra destacarse por sobre el resto de los trabajos de Allende, pero no se puede dejar de destacar el esfuerzo de su autora por amenizar esta novela con algunas suposiciones personales que, sin duda, le otorgan al libro un atractivo mayor.