Antología de excelente nivel

Cuentos del ParaguayPodría decir, sin temor a equivocarme, que el libro Cuentos del Paraguay, antologado con el sentido crítico impecable al que ya nos tiene acostumbrados el poeta y relator Victorio V. Suárez, es una obra de suma importancia, pues reúne a los mejores exponentes de la narrativa paraguaya.

Cuentos del Paraguay fue publicado por Editorial Arte y literatura.

El cuento «El maestro», de Rafael Barrett, es un ejemplo de estructura, de delineamiento preciso y de imaginación esplendorosa. Esa obra suya, inspirada por donde se la mire, siempre ha golpeado mi humanidad. Ay, el frágil, el ya mareado señor Cuadrado, siempre convertido en el blanco de la crueldad y de las burlas de los niños. Y luego esa muerte, que es parecida solamente a un cansancio infinito, a un sopor, a un descanso merecido, esa muerte que lo lleva a un sitio por lo menos más seguro…

Josefina Plá es una gran poetisa. Siempre fue poetisa, poetisa de referencia de nuestro país. Me hubiera gustado (perdón, amigo Victorio V. Suárez) que su cuento «La muralla robada» figurara en el volumen. Ella fue tan majestuosa escritora de versos, que quizás, según mi humilde opinión, la poesía devoró a sus cuentos o sus narraciones, que ocupan, siempre según mi pobre parecer, un lugar sin mucha relevancia en su historial literario.

El cuento «Arribeño del norte», del escritor Carlos Villagra Marsal, es una muestra de cuánta magia se puede hacer o invocar a través de una conversación entre dos personas. Entra, hambriento, un hombre curtido por una existencia dura, a pedir comida a una anciana, dueña de un rancho. Él le habla, y la sutileza, el hechizo de la comunicación atrapan rápidamente al lector. También la anciana, con un lenguaje que es una revelación de la pluma segura del autor, dice lo que tiene que decir, ni una palabra más, ni una palabra menos, para que luego su silencio rubrique sus expresiones tan de tierra adentro, tan de nuestro Paraguay.

El final, la venganza que le promete el arribeño a la mujer que ha sido saqueada y despojada de todo cuanto tenía, incluyendo una lámpara, es una perla.

«La huida», del escritor Jesús Ruiz Nestosa, tiene un ritmo casi apocalíptico que seduce a los lectores. Ese magnífico cuento ya lo había leído en una antología. El relato recibió el Premio Hispanidad en 1974. En determinados momentos, la lectura de «La huida», me remontaba a la obra «La autopista del sur», de Julio Cortázar.

¿Por qué? Porque el planteamiento surrealista de ambas obras coincide en una circunstancia desoladora: No hay manera de avanzar. No, señor. La meta, el lugar seguro a donde se quiere llegar, es un sueño más, una suerte de delirio en medio de tanto sol y tanta sed.

La narradora Mabel Pedrozo escapa del bilingüismo y de las circunstancias previsibles y explícitas de muchos cuentos de nuestra narrativa. Es que ella, armada de una férrea voluntad y del talento con el que vino «programada» al mundo, sabe contar los cuentos, conoce hasta dónde llegar con las palabras, qué frases, qué contextos usar para dar un aire lleno de sorpresas y de situaciones insospechadas a sus escritos. El cuento escogido por el antólogo se llama «Cita en el casino», y, de más está decir, que lo recomiendo.

El bilingüismo es una traba, según mi pobre opinión, para algunos narradores.

En la antología hecha por Victorio V. Suárez puede leerse lo siguiente: «La finalidad de esta nota introductoria no consiste en una aproximación crítica o estudio estilístico sobre el proceso histórico de la literatura paraguaya, tampoco se trata de extendernos en determinados análisis críticos sobre las obras que fueron elegidas, pues la mejor evidencia son los cuentos y quienes van a evaluar los trabajos son los lectores. De todos modos, esperamos que signifique, un indicador sobre los principales rasgos de la ficción paraguaya, obviando por esta vez la literatura en guaraní o jopará tras tomar en cuenta a qué público se dirige el libro; vale la pena esta justificación para evitar suspicacias, más aún llevando en cuenta que el Paraguay es, como reza la Constitución Nacional, pluricultural y bilingüe».

El cuento «El cartonero», del poeta y narrador Lisandro Cardozo, revela, tocando nuestra sensibilidad hasta lo más hondo, y hundiendo una fuerza desconocida (casi) de un dolor, un tipo de dolor al que estamos acostumbrados, la historia de un hombre que debe lidiar diariamente con la pobreza extrema instalada en nuestras calles. Ah…, el triste, miserable destino de aquel ser humano; ah… su pobre caballo, que ya es puro saco de huesos, y que sin embargo debe tirar, tirar, seguir adelante, con la faena casi fantasmal de cargar con los desechos y las cosas inservibles amontonadas en las veredas. Lea el lector atentamente este fragmento: «Una tarde en que estaba haciendo parte de la recorrida por la avenida Eusebio Ayala, fue a un gran comercio a pedir cartón. Unos compañeros de escuela de Rubio, para reírse de él, le ataron las patas traseras al caballo. Él subió, una vez más, contrariado ante la negativa y azotó sin piedad al caballo, que dio un último brinco para caer con las patas delanteras extendidas. Se abrieron completamente sus extremidades y se escuchó un fuerte ruido, parecido a la madera que quiebra en una roca. Nadie lo quiso ayudar a retirar de la calzada el caballo muerto, los empleados municipales vinieron esa noche en un camión y remolcaron también el carro».

Esa cruda imagen me recuerda lo que trae a la memoria el protagonista de Crimen y castigo, del escritor Fedor Dostoievski. Un animal, un caballo esquelético, debe llevar una carga que sobrepasa largamente sus ya casi desfallecientes fuerzas. Pero quien tiene el látigo en la mano, sin consideraciones, se ceba en la noble bestia, que levanta, sacudida por el dolor, las patas delanteras, en un último y desesperado combate en el que resulta muerto.

Ah…, el absurdo de la vida, la fealdad sin límites de la existencia, la maldad diaria de la que somos víctimas y cómplices a la vez los seres humanos.

Victorio V. Suárez puede estar muy satisfecho con este libro.

Ha seleccionado los relatos que de una u otra manera son emblemáticos de cada autor.

Hubiera querido escribir más sobre las obras del texto Cuentos del Paraguay, pero el rigor del espacio me impide tal tarea.

Sugiero que este volumen sea leído en los colegios y en las universidades del Paraguay para que los alumnos tengan una visión más detallada de la narrativa paraguaya.

Los autores que integran la antología, por orden cronológico, son los siguientes: Rafael Barrett, Gabriel Casaccia, Josefina Plá, Augusto Roa Bastos, Carlos Garcete, Ana Iris Chaves de Ferrerio, Maybell Lebrón, Rodrigo Díaz Pérez, Nidia Sanabria de Romero, Rubén Bareiro Saguier, Carlos Villagra Marsal, Neida Bonnet de Mendonca, Dirma Pardo Carugati, Maribel Barreto, Francisco Pérez Maricevich, Esteban Cabañas, Lita Pérez Cáceres, Emi Kasamatsu, Jesús Ruiz Nestosa, Renée Ferrer, Augusto Casola, Helio Vera, Guido Rodríguez-Alcalá, Chiquita Barreto, Victorio V. Suárez, Moncho Azuaga, Nila López, Lisandro Cardozo, Amanda Pedrozo, Delfina Acosta, Milia Gayoso, Mabel Pedrozo, Oscar Pineda, José Pérez Reyes y Javier Viveros.

CANTO SECULAR (FRAGMENTO)

Paraguay, Asunción! Murmura el labio
Y la visión del paraíso bíblico
Hace entornar los párpados y puebla
La retina de pompas tropicales:
Una tierra de sol y de silencio,
De plátanos, naranjos y perfumes,
Donde el invierno es primavera riente,
Y sin cesar florecen las potencias
Húmedas y vitales de Deméter,
En desbordante plenitud de vida
Y en henchimiento pródigo de savia.

O una selva total, densa y sonora
Con gratos claros para los ensueños
Y para los vaivenes de la hamaca.

O un naranjal sin término que inunda
De blancura la cámara suntuosa
De la noche del trópico, en que brillan
Con resplandor intenso las estrellas,
Como en la protonoche.

O un pájaro policromo y parlante
De cola abierta en forma de abanico,
De pico rojo, de penacho de oro
Y con pintas azules en el pecho.

O una escena geórgica arrancada
Del opulento texto virgiliano.

O un cuadro colonial de suaves sombras,
Con su plaza, su iglesia, su Cabildo,
Sus carretas inmóviles, sus mozas
Con cántaros, y, en fin, toda la vida
De las generaciones precedentes.

Eloy Fariña Núñez

Comentarios2

  • Elsy Alpire Vaca

    Delfina, mis felicitaciones, este arítuclo es hermoso, hermoso, hermoso, mil gracias por deleitarnos con tus bellas letras. Saludos cordiales. Elsy.

  • Delfina Acosta

    Gracias. Leí el libro y puedo asegurarte que es una perla.
    Yo, por mi parte, estoy contenta de estar dentro de la antología.
    Vaya un abrazo, mi querida Elsy.
    Delfina Acosta



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