Aunque muchas personas hayan disfrutado de las aventuras de “Alicia en el país de las maravillas” durante su niñez, esta obra creada por el sacerdote anglicano, escritor y matemático británico Charles Lutwidge Dodgson (más conocido como Lewis Carroll) también consigue cautivar a numerosos adultos.

Por supuesto, esta capacidad de seducir a lectores de todas las edades no se ha desarrollado en un país o momento determinado, sino que su poder de atracción se ha incrementado con el paso del tiempo hasta el punto de haberse convertido en un valioso clásico de la literatura.

Cualquiera sea el idioma que uno elija para conocer el contenido de este relato que ha inspirado películas, propuestas teatrales, musicales y hasta óperas, “Alicia en el país de las maravillas” nos invita a dejarnos llevar hacia un mundo desconocido y fantasioso. Hasta allí llega una curiosa niña llamada Alicia tras seguir a un conejo blanco.

Minutos después de entrar al oscuro túnel sin saber su destino, la protagonista llega hasta un sitio repleto de absurdos y paradojas lógicas. Sin la compañía del animal que la motivó a emprender esta aventura, la pequeña comienza a investigar el lugar y encuentra una botella con la inscripción “Bébeme”. Para su sorpresa, al acceder a esa indicación, Alicia queda transformada en un ser de sólo veinticinco centímetros de altura.

Con la ilusión de recuperar su estatura original, la niña ingiere un pastel identificado con la leyenda “Cómeme” y, a los pocos segundos, la entrometida aventurera pasa a medir más de dos metros. Al descubrir estos cambios indeseados, Alicia comienza a llorar y la habitación en la que se encuentra queda inundada por sus lágrimas.

La normalidad parece llegar gracias a los efectos mágicos de un abanico que llega a sus manos de forma accidental y que comienza a encogerla. Aunque esto le permite dejar de llorar, no impide que la protagonista se vea forzada a nadar en su mar de lágrimas para no ahogarse.

En medio de esa tarea, Alicia encuentra a otros animales, con quienes consigue llegar a tierra firme y jugar una carrera. A partir de entonces, la niña no deja de acumular sorprendentes vivencias que, sin duda, consiguen entretener y asombrar a los amantes de los cuentos.