Como puede advertir cualquier persona que compare la trayectoria de los Hermanos Grimm con la del francés Charles Perrault, en las carreras de los mencionados autores hubo numerosos cuentos que los unieron.

PulgarcitoCada uno de ellos, por ejemplo, dio su propia versión sobre “Caperucita Roja” y sobre “La Cenicienta”, así como también elaboró una interpretación diferente de “Pulgarcito”, el libro que hemos elegido recordar en esta oportunidad.

Esta propuesta, una de las más populares en lo que a literatura infantil respecta, es un cuento de hadas de origen alemán al que Perrault quiso dejarle un sello personal. En su narración, Pulgarcito es el último hijo de una humilde pareja de leñadores que llegó a tener siete descendientes.

Al no poder brindarles alimentos suficientes, un buen día su padre decide abandonarlos en el bosque, pero los jóvenes consiguen regresar al hogar porque la madre, no del todo convencida con el plan, le había dado a Pulgarcito piedras blancas para que pudieran marcar el camino.

Tiempo después, surge en el hombre de la familia un nuevo deseo de alejar a sus herederos de la vivienda, pero tan sorpresiva fue esa determinación que la progenitora de los niños no tuvo tiempo de recolectar piedras. En su reemplazo, la mujer decidió darle a su hijo más pequeño una buena cantidad de migas de pan.

Sin embargo, en esta oportunidad el grupo no tuvo suerte porque las aves pronto hicieron desaparecer cualquier rastro de pan. Sin posibilidades de encontrar el camino de regreso, los jóvenes llegan hasta una residencia que resulta estar habitada por un ogro. Allí, los hermanos pronto advierten que corren serio peligro ya que el dueño del lugar amenaza con comérselos. Sacando provecho de su diminuto tamaño, el protagonista de la historia, Pulgarcito, consigue escapar y se lleva con él las botas de las siete leguas, un calzado que le permitirá llegar en poco tiempo hasta el castillo del rey, quien envía a sus hombres para que capturen al malvado gigante.