Aunque el francés Charles Perrault perdió la vida cuando ninguno de nosotros existía, su figura todavía se mantiene vigente porque su recuerdo aparece cada vez que alguien evoca cuentos como los de “Caperucita Roja”, “Barba Azul”, “La bella durmiente del bosque” o “El gato con botas”.

Piel de asnoComo sabrán, este hombre que nació en París el 12 de enero de 1628 se consolidó como escritor de fama internacional al llevar al papel diversas historias que comenzaron a reproducirse de forma oral. Además de los títulos mencionados, este gran representante de la literatura infantil tiene en su haber muchos otros relatos clásicos, entre los que no puede dejar de mencionarse a “Piel de asno”.

Este bello y antiguo material tiene como protagonista a una hermosa e inteligente infanta cuyo padre es un rey muy poderoso, respetado y adinerado. Al morir su madre y recibir de su progenitor una extraña propuesta de matrimonio, la joven se ve obligada a reemplazar su privilegiada realidad por un sacrificado mundo carente de lujos y repleto de burlas. Sin embargo, pese a su aspecto desalineado y al desprecio de muchos de quienes la conocían (y que la habían apodado “Piel de asno”), su esencia jamás se modificó y, a fin de cuentas, el destino se encargó de premiar la honradez de esta agraciada muchacha que, para sorpresa de un pueblo entero, terminó convertida en princesa.

Pese a que es posible hallar algunos puntos en común entre este libro y “La Cenicienta”, ambas historias son independientes y logran ofrecer al lector un relato interesante y entretenido que puede servir como disparador de múltiples reflexiones.

Si durante su infancia no tuvieron oportunidad de conocer el contenido de “Piel de asno”, no sean tímidos y aprovechen su desarrollo intelectual para juzgar con ojos de adulto una obra que nació para cautivar a los más pequeños.