Aunque el desempeño literario del escritor mexicano Octavio Paz se puede evaluar a través del análisis de los diferentes desafíos que asumió el autor a lo largo de su trayectoria, en esta oportunidad sólo centraremos la información en su perfil poético.

Piedra de solComo recordará más de un estudioso del mundo de las letras, Paz era todavía un adolescente cuando publicó su primer poema. Lejos de ser un capricho de juventud, este primer paso dado en torno al universo de la escritura marcaría el inicio de una actividad profesional que, además del género poético, incluiría a los ensayos y a las traducciones.

Según se puede advertir al investigar la trayectoria de quien ganara en 1990 el Premio Nobel de Literatura, los primeros títulos de su autoría fueron “Mar de día”, “Luna silvestre”, “Puerta condenada”, “Entre la piedra y la flor”, “La rama” y “Piedra de sol”. Este último, lanzado en 1957, surgió meses antes de la aparición de “Libertad bajo palabra”.

Si “Piedra de sol” no pasó desapercibido a nivel internacional fue porque, en ese libro, el autor logró esconder un texto contradictorio donde hay espacio para el surrealismo, la transgresión, los conceptos vanguardistas y las ideas clásicas.

En la mencionada propuesta, la imaginación lleva al mexicano a efectuar comparaciones entre una mujer y paisajes naturales como los conformados por un río, un bosque o una montaña, a invocar la libertad moral, a expresar que “si dos se besan el mundo cambia” porque “amar es combatir” y a plantear interrogantes sobre la existencia humana, sobre una vida “que no es de nadie” porque, según sus palabras, “todos somos la vida”.

Si el contenido de este extenso poema les resulta curioso pero todavía, pese a la antigüedad de la obra, no han tenido oportunidad de leerlo, no se olviden de incluir en su listado personal de planes inmediatos la lectura de este interesante libro.