Hace unos días me encontré en el suplemento de Libros de la Revista Eñe con una nueva autora que creo que deberían conocer. Se llama Violeta Gorodischer y acaba de publicar su primera novela que lleva el título de “Los años que vive un gato”. Esta obra fue catalogada como una muy buena obra de iniciación, acercándose a los conflictos de una familia de clase media que presiente la caída de su imperio.

Sobre Violeta Gorodischer

Violeta Gorodischer es escritora y trabaja como periodista en la Revista OHLALÁ! y en el Suplemento Radar del Diario Página 12. A su vez es co-editora de la nueva firma de narrativa “Tamarisco”. No es mucho más lo que podamos saber de ella a través de la red, pero dejemos que sus obras hablen. De momento no he podido leer la novela “Los años que vive un gato”, sin embargo sí uno de sus relatos que se llama “Sí, soy” y que me pareció genial, un juego entre la comicidad y la desilusión, escrito de forma directa y sin demasiados rebusques. Pueden leerlo en este enlace.

En una entrevista que le hizo Walter Lezcano para la web “Manchas de aceite”, Violeta contó que la primera historia realmente buena que escribió fue una que entregó en la escuela, cuando estaba en séptimo grado, un relato que sorprendió a su maestra y a todo el curso. Años más tarde, algunos de sus compañeros todavía lo recordaban. Violeta asegura que es su relato preferido y el mejor que ha escrito.

Posiblemente no escriba igual que en aquel entonces, el paso de la vida, la facultad, los autores, las experiencias, son miles los factores que pueden influir en el estilo de un escritor, no creo que sea Violeta la excepción, de todas maneras ¡me muero por leer ese relato!

Primera novela de Violeta

Llevar ese nombre, como el de la Parra, debe ser todo un honor pero si a eso le sumas que sos artista y que escribís de maravilla, supongo que todavía la cosa mejora aún más. Pues, ése es el caso de Violeta Gorodischer.

En su primera novela “Los años que vive un gato”, pinta sobre el papel la historia de una familia de clase media, con sus conflictos y sus eternos miedos. Un padre conflictuado por la homosexualidad de su primogénito, una madre que se resguarda en las tareas de la casa intentando olvidar cuanto lo rodea, huyendo de los conflictos y descargando su frustración en la empleada doméstica, una mujer paraguaya. Y la protagonista, una chica que atraviesa ese paso brusco y para muchas dolorosísimo que sucede entre el fin de la infancia y el principio de la adolescencia.

Ella misma habla sobre la novela y la coloca en el rubro de novela de iniciación o aprendizaje, aunque por lo visto es una obra madura y que encarna las características de la novela realista del siglo XIX. Imagino que escoger la figura de una niña-adolescente como protagonista y voz narradora, es una buena forma de darle a la obra un estilo entre lo infantil y lo adulto, que permite analizar a fondo las cuestiones arraigadas en las clases sociales, porque analizar la vida desde los ojos de un niño siempre nos llevará a mejor puerto que hacerlo en las miradas austeras y ya invadidas de hipocresía que caracterizan la adultez. Las dolencias de una niña que de pronto ve cambiar su cuerpo, su mundo, sus deseos, puede compararse con el violento quiebre que se dibuja en la clase media, el fin de la prosperidad, de la armonía familiar.

Detrás de esa familia semi aristocrática, que tiene una empleada extranjera (de la que claramente se consideran superiores) y durante sus vacaciones visitan Cuba, está la miseria, la tristeza, la incomprensión, el abandono y la soledad. En ese chico que abandona su casa para irse a España, en esa niña marcada por una enfermedad y esos padres que sin quererse continúan juntos pero no unidos.

La crítica aplaude a Violeta

Según las críticas es una narración que convoca a la experiencia amorosa al estar escritas con el otro y para el otro, la narración se nutre con la presencia de esta autora con carácter.

Se dice que Violeta posee una prosa exquisita y que detrás de cada una de sus construcciones se puede percibir seguridad y un detallado entramado y, pese a enfrentarse con un tema complejo en el que podría haber utilizado muchos lugares comunes, prefirió optar por su autenticidad y ofrecer algo diferente.

Algunos han tildado a esta novela de iniciación de noventista, por poseer una exploración cálida y reveladora de una de las etapas más fascinantes de la vida, la infancia y ese vacío tenebroso que se abre frente a la madurez y la adultez.

Lo que Violeta consigue sólo es posible dentro del realismo, personajes que viven tan intensamente, dentro de su atrofiante rutina, que consiguen meterse en el lector, cautivarlo, enternecerlo y conquistarlo al punto de no poder despegarse, de querer conocer el final de la historia. Un lector expresó que se sentía tan enganchado que al concluir la obra sintió cierta desazón por no poder seguir al lado de esa niña.

¡Eso sí es conseguir cautivar! y es que la propia Violeta lo dice, para ella lo básico al escribir es entender que en la escritura suceden cosas de un orden profundo, ligado a la idea de introspección y cuyo principal objetivo es conmover al otro, acercarse a su intimidad y formar parte de su vida. Violeta cuenta que ese tipo de cosas son las que les gusta leer y por eso probablemente escribir es lo que busca.