Cuando un escritor se dispone a plasmar sus ideas en un texto, lo lógico es que declare su autoría sobre la creación. De esta forma, los derechos de autor lo avalan y protegen la integridad de la obra. Además, claro, de generarle ingresos económicos por la reproducción de los contenidos.

Cantar del mío CidSin embargo, algunos de los poemas más reconocidos de la historia son anónimos. Con el correr de los años, la información precisa sobre quién o quiénes escribieron los versos se ha perdido. Las teorías sobre los posibles autores son muchas, pero ninguna es definitiva. Lo que nos queda son palabras libres, sin dueño.

El “Cantar de mío Cid”, considerada como la primera obra narrativa extensa de la literatura española en una lengua romance, es uno de estos textos anónimos. La obra relata hazañas inspiradas libremente en la vida del caballero castellano Rodrigo Díaz de Vivar.

Otro poema anónimo clásico es “Beowulf”, escrito en inglés antiguo durante la primera mitad del siglo VIII. Se trata de un poema épico, cuya acción transcurre en los siglos V-VI. La obra cuenta con dos grandes partes: la primera acontece durante la juventud de Beowulf y narra cómo ayuda a un pueblo que sufría los ataques del ogro Grendel. Tras lograr asesinar al monstruo, se enfrenta a su madre. En la segunda parte del poema, Beowulf ya es el rey de los gautas y debe pelear hasta la muerte contra un dragón.

Por otra parte, hay poemas que suelen ser considerados como anónimos pero que, sin embargo, poseen derechos de autor. Es el caso de “Desiderata”, registrado en 1927 por Max Ehrmann. Algunas versiones señalan que este poema sobre la búsqueda de la felicidad habría sido escrito en 1692, con la fundación de la Iglesia St. Paul de Baltimore.

Ya sea que haya sido escrito en el siglo XVII o más de doscientos años después, “Desiderata” ha inspirado a millones de personas. A continuación, algunos de sus versos:

¡Sé tú mismo!, especialmente no finjas afectos.
Tampoco seas cínico respecto del amor,
porque frente a toda aridez y desencanto,
el amor es perenne como la hierba.

Recoge mansamente el consejo de los años,
renunciando graciosamente a las cosas de juventud.
Nutre tu fuerza espiritual para que te proteja en la desgracia repentina,
pero no te angusties con fantasías.

(…)

Por lo tanto, mantente en paz con Dios,
de cualquier modo que lo concibas,
y cualesquiera sean tus trabajos y aspiraciones.
Mantén en la ruidosa confusión, paz con tu alma.
Con todas sus farsas y sueños rotos,
este sigue siendo un mundo hermoso.
Ten cuidado… Esfuérzate en ser feliz.