La vida de Edward Hamilton Waldo, un estadounidense que quedó en la historia de su país por su buen desempeño como escritor de ciencia ficción, comenzó en Staten Island el 26 de febrero de 1918.

Cabe destacar que si sus admiradores lo conocen bajo el nombre de Theodore Sturgeon no es porque él adoptó un seudónimo para firmar sus obras sino porque ésa fue la identidad que adoptó de niño tras el casamiento de su madre con William Sturgeon.

Sobre sus inicios en el mundo de las letras se sabe que fue el periódico “McClure”s Syndicate” el primer medio que se interesó por adquirir sus relatos. Por ese entonces, sus historias no eran fantásticas y solían ser breves, un detalle que cambiaría con el paso de los años y su incursión en el plano de la ciencia ficción. Además, a varias de ellas las firmó con el seudónimo “E. Waldo Hunter”.

“Astounding Science Fiction”, “Unknown” y “Argosy Magazine” fueron otras de las publicaciones que tuvieron a Sturgeon como colaborador.

A medida que sus relatos adquirían trascendencia, la carrera de Theodore se consolidaba más y más, hasta el punto de permitirle elaborar algunos guiones para episodios de Star Trek. Con el reconocimiento de críticos y lectores, el autor abandonó el anonimato y se convirtió en una figura de renombre mundial que tenía en su haber múltiples trabajos publicados en distintos idiomas y algunos premios literarios.

Hoy en día, de su legado es posible disfrutar en español títulos como “Los cristales soñadores”, “Las estrellas son la estigia”, “Más que humano” (galardonada con el International Fantasy Award), “Violación cósmica” y “Cuerpo divino”, entre otros.

Theodore Sturgeon, a quien se lo describe como una gran influencia literaria para personalidades como Ray Bradbury y Samuel R. Delany, falleció en Oregon el 8 de enero de 1985.