Al tener un padre ensayista (un ingeniero civil que supo ser colaborador del diario “El Mercurio” y publicar libros inspirados en las culturas griegas e hindú) y una madre especializada en el género de la novela, resultaba casi predecible la idea de que Marcela Serrano, en algún momento de su existencia, iba a dejarse cautivar por el universo literario.

Aunque esta chilena nacida en la ciudad de Santiago en 1951 y criada junto a cuatro hermanas en un ambiente privilegiado producto de la pertenencia familiar a la alta burguesía de Chile, es licenciada en Grabado y desde joven demostró interés por las artes plásticas, siempre se sintió atraída por la actividad de sus padres.

Si ella comenzó a desarrollar su faceta literaria de forma tardía (con 37 años de vida, para ser más exactos) fue porque, tal como confesó Serrano en una ocasión, sus progenitores preferían alentar sus aptitudes para el dibujo y evitar, de ese modo, que la joven se convirtiera en colega (o competencia) de su madre.

Producto de toda esa situación, esta egresada de la Pontificia Universidad Católica de Chile que, a raíz del golpe militar que tuvo lugar en su país, se vio obligada a exiliarse en Roma durante cuatro años, postergó durante largo tiempo su deseo de convertirse en novelista. Su oportunidad llegó en 1988 y, a juzgar por los resultados, Serrano no la desaprovechó: desde que comenzó a dedicar su tiempo a la escritura, su vida cambió para bien. Gracias a sus libros, la autora no sólo batió récords de ventas, sino que también acumuló una gran cantidad de galardones.

A lo largo de su trayectoria, esta chilena que está casada con el político Luis Maira Aguirre y es madre de dos jóvenes (Elisa y Margarita), creó obras como “Nosotras que nos queremos tanto” (Premio Sor Juana Inés de la Cruz), “Para que no me olvides” (Premio Municipal de Literatura de Santiago), “El albergue de las mujeres tristes”, “Nuestra Señora de la Soledad”, “Lo que está en mi corazón” y “La llorona”, entre otras.