Josefina Aldecoa y la generación del 50

Ya hace dos años que nos ha dejado, sin embargo su obra continúa viva. En este artículo hablaremos sobre Josefina Aldecoa, una figura imprescindible para la literatura española de la generación del 50 y una mujer que ha hecho grandes aportes a la educación en España.

Primeros pasos

Josefina Aldecoa nació en León el 8 de marzo de 1926. Se crió en un ambiente abierto, donde se le inculcó el cultivo de sus aficiones y por eso se volcó a la literatura sin amagos desde tempranísima edad.

Su madre y su abuela formaban parte del movimiento de la Institución Libre de Enseñanza, que planteaba una completa renovación en las bases de la educación en España. Josefina, se adhirió a estas ideas, al punto de llegar a fundar un colegio donde las mismas eran llevadas a cabo.

Al principio, Josefina tenía un gran interés por la poesía y escribía solamente poemas; sin embargo, cuando comenzó a madurar en la escritura y conectarse con otras personas apasionadas y que trabajaban en las letras, descubrió sus dotes para la narración y se volcó por ella. Sus poesías nunca vieron la luz, porque la autora consideraba que no eran lo suficientemente buenas, por suerte el destino de sus novelas fue mejor. Algunas de sus obras más conocidas son «La fuerza del destino«, «La Casa Gris» y «Hermanas«.

El modelo de literatura al que Josefina se alió de joven era el que provenía de Francia y de Estados Unidos. Junto a sus amigos, con quienes formaba el Grupo literario Espadaña, se entregó a la lectura de autores extranjeros, para conseguir mirar la literatura desde una posición más amplia. Absolutamente diferente a lo que en aquel momento se promovía, que consistía en una visión totalmente nacionalista.

Aldecoa fue la primera en traducir un cuento de Truman Capote, quien entonces recién había sido lanzado. Al leerlo, a Josefina le pareció tan apasionante que quiso que muchas otras personas pudieran leerlo y entenderlo. ¿Quién iba a decir que pocos años más tarde Capote se convertiría en un autor ineludible de esa generación?

La guerra y los autores del 50

La generación del 50 estuvo marcada por la Guerra Civil, y como todo hecho dramático e ineludible, ella golpeó sus infancias de una forma indescriptible y, como era de esperarse, se reflejó en sus escritos.

Basta con leer sus obras para comprender esta semejanza en la vida de todos ellos. Esa preocupación absoluta por el futuro y la propia realidad, la tristeza, la represión y la miseria, que fue lo que trajo y dejó la guerra en sus existencias. Por otro lado, el compromiso ético, es sin duda uno de los rasgos característicos de esa generación.

Espadaña, grupo en el que Josefina conoció a Ignacio Aldecoa (con quien más tarde se casaría) y a Ana María Matute, entre otros importantes nombres de la literatura española, fue un espacio en el que la autora se sintió muy a gusto y pudo crecer personal y profesionalmente.

Los jóvenes encontraron entre sí un nexo de unión marcado por la pasión por la literatura y la infancia quebrada por la guerra. Josefina contaba que si bien se habían conocido a través de la Universidad, pocos de ellos asistían a clases, pues el resto prefería quedarse durante horas en el bar discutiendo sobre cuestiones literarias.

Aseguraba que en las aulas no había espacio para el debate y que la mejor forma de aprender era leer lo que venía de afuera, que difería absolutamente de las ideas de la educación de aquel entonces, donde lo extranjero no tenía cabida.

Tras la muerte de Ignacio, Josefina adoptó su apellido. Por este hecho fue duramente criticada por los grupos feministas porque aseguraban que implicaba una especie de dependencia a un hombre; sin embargo, Josefina siempre tuvo claro que no era así, que de hecho si Ignacio hubiera continuado con vida, ella no habría publicado con su apellido. Acotaba que la libertad no reside en cómo una firme, sino en algo mucho más profundo.

Educación libre de opresiones

Josefina Aldecoa es la fundadora del Colegio Estilo de Madrid, basado en las ideas educativas del Krausismo (que planteaba una enseñanza más humanista e individual). Esto significó una revolución necesaria en España, a través de un sistema que ya estaba funcionando en otros países como Estados Unidos e Inglaterra, pero por el que debió soportar diversas críticas y contrariedades. Aldecoa expresa que:

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Las dos grandes pasiones de Josefina durante su vida fueron la literatura y la pedagogía. Y a tal punto deseaba entregarse equitativamente a ellas que tenía organizado su tiempo de una determinada manera: durante los meses escolares, se la pasaba consumida por la labor de la enseñanza, mientras que durante las vacaciones se dedicaba enteramente a escribir. Y por lo visto supo hacerlo de maravilla, pues en ambos sectores es recordada con cariño y respeto.

A veces me pregunto qué cosas hacen que determinadas generaciones hayan dado tan buenos autores y otras tan pocos.

Puede que no exista una respuesta exacta, sin embargo me atrevo a inclinarme por decir que ante las situaciones de violencia y censura los seres humanos nos volvemos salvajes, defendemos nuestro mundo con uñas y dientes, en los períodos de calma parece que nos olvidáramos de la importancia de ello.

Leer a Josefina Aldecoa nos puede recordar que sólo la entrega absoluta, la pasión y el respeto por nuestro trabajo puede ayudarnos no sólo a ser personas de bien, sino a escribir algo que pueda llegar a valer la pena.

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