Otro artículo sobre adverbios y periodismo

Otro artículo sobre adverbios y periodismo

Volvemos sobre un tema con el que espero no estar volviéndome monotemática: el uso de los adjetivos y adverbios en la escritura periodística. Ciertas obsesiones tienen la habilidad de obligarnos a reescribirnos, a repensar nuestra forma de concebir el mundo y, pienso, nos ayudan a convertirnos en mejores personas.

Lo que dicen sobre el adjetivo

Según el Manual de Estilo del periódico El Tiempo, el adjetivo, cuando da valor al sustantivo, cuando lo califica y ofrece al texto una postura ideológica, puede ser una palabra explosiva. Y, sus firmantes, recomiendan que sea utilizada con prudencia; y, siempre que se pueda, debe evitarse. El argumento se apoya en que es a través de este tipo de palabras donde se traslucen las opiniones del periodista y esto no suele complacer al lector.

Es muy importante centrarnos en que, dependiendo del tipo de texto periodístico que estemos desarrollando, este consejo puede ser útil o incluso resultar ineficaz. Si estamos aportando una columna en un periódico, quienes van a leernos nos siguen, saben qué pensamos, por ende, quieren conocer nuestra opinión en torno al tema que estemos tratando en dicho texto: si nuestro punto de vista no aparece o no se deja ver con claridad es posible que los lectores se sientan decepcionados.

Ahora, si nuestra función es la de ofrecer un reportaje sobre los hechos acaecidos en tal o cual lugar quizás sí deberíamos tener en cuenta este consejo. No obstante, creo que mostrar nuestro punto de vista debería hacerse, aunque de una forma clara y que no influencie las opiniones del lector. Es importante saber cuándo y cómo decir lo que pensamos.

En lo que respecta a ese manual, objetaba que antes de decir si una persona es alta sería conveniente dar al lector la estatura exacta, por ejemplo. Esto significa que cuando existe un dato concreto que puede reemplazar a nuestro adjetivo valorativo debemos utilizarlo, porque eso ayuda a dar información fiable.

También es importante que cuidemos el uso de expresiones adverbiales que puedan poner en evidencia nuestro ánimo, como “por fin”, “lamentablemente”. El secreto es saber decirles que sí a estas expresiones cuando nuestra opinión tenga un fundamento (la nota lo requiera) y cuando realmente estemos convencidos de que deben ir. Y, por supuesto, saber evitar la vaguedad al máximo: ni varios, ni casi todos, ni algunos ni numerosos; mejor el número exacto, el porcentaje (siempre que devenga de una estadística) y datos precisos de la cantidad de aquello que deseemos expresar.

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Los adverbios que se cuelan

Si nos centramos en los usos que nos ofrecen los adverbios tenemos que tener en cuenta que estas palabras modifican el significado de verbos (“El auto marchaba rápidamente“), adjetivos (“Son unos niños terriblemente traviesos“) u otros adverbios (“Estela trabaja muy cerca de su casa“) a los que acompañan. A su vez, las locuciones adverbiales son expresiones que tienen el mismo objetivo que los adverbios. Pueden ser de lugar (aquí), de cantidad (muy), de tiempo (pronto), de modo (bien), de duda (quizás), de negación (jamás), de interrogación (cuándo) y de afirmación (también).

Existe una forma de transformar adjetivos en adverbios que consiste en colocar la terminación -mente al final de los mismos. No obstante, es conveniente no tomarse esta facilidad de nuestro idioma como algo siempre útil, porque muchas veces corremos el riesgo de estropear un texto que venía bien. La cacofonía y la monotonía no son sólo los riesgos que corremos, sino también, la posibilidad de no pensar demasiado una frase y de buscar otras formas de decir lo mismo. De hecho, se cree que los adverbios entorpecen la buena labor de los periodistas porque les impide ser imparciales, precisos y concisos, cosa que todos los que nos dedicamos a la comunicación deberíamos intentar ser. El abuso de los adverbios puede hacer que los lectores pierdan interés en nuestra escritura y que dejemos de ser creíbles.

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Releer está antes de publicar

La relectura es fundamental sea cual sea el género que trabajemos. Es cierto que a veces los tiempos no ayudan: la necesidad de terminar un texto en un récord de tiempo determinado suele jugarnos en contra. Sin embargo, deberíamos ser más cuidadosos y releer tanto como podamos. Seguramente al final de todas esas relecturas habremos modificado decenas de frases y descubierto que ciertas expresiones vagas podíamos expresarlas de otro modo.

Releer de manera cuidadosa es sin duda una de las últimas etapas de nuestros textos, la que no debemos pasar por alto. Esta idea se apoya en la experiencia de los editores que aseguran que siempre cuando se le pide a un autor que reduzca un texto, termina ofreciendo un resultado más redondo, más pulido, más vivo. ¿Se entiende el sentido de la relectura?

Con todo esto no modifico mi postura: escribir es decirnos, es leernos a nosotros mismos. Y siempre tenemos opiniones, incluso cuando nos manifestamos neutros frente a un asunto estamos emitiendo opiniones —Juan José Manauta tiene la manía de colarse en mis frases. Por eso, pienso que la parte más importante de aprender a ser honestos y ofrecer textos creíbles es saber decir lo que pensamos sin intentar convencer al lector, pero dejándole clara nuestra postura.

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Comentarios2

  • Rapsodico

    Magnífico artículo, Tes. Me encanta releer sobre la cantidad de errores que cometemos al escribir cuando intentamos convencer a los posibles lectores. La conclusión final pone el broche de oro "saber decir lo que pensamos sin intentar convencer al lector".
    Todo lo que comentas a cerca de adjetivos y adverbios se podría extrapolar a textos de otro tipo.
    Un abrazo, amiga.

    • Tes Nehuén

      Gracias a ti, Rapsódico. Es complicado no intentar convencer porque los humanos somos seres egocéntricos que creen que sólo es razonable la propia postura. No obstante, vale la pena intentarlo, jiji.
      Un abrazo enorme. Gracias por leerme y comentar.

    • susan collazo

      Como lectora de sus artículos,no he perdido el interés de su escritura, y, sige siendo creíble. También creo, modestamente, que los periodicos cambian actualmente muy poco los criterios de los lectores, aunque sí que es verdad, que algunas personas, compran el periodico que, justamente, publica lo que ellas quieren oir.
      Un saludo muy cordial.

      • Tes Nehuén

        ¡Muchas gracias, Susan! Es muy cierto lo que dices. Espero que los que estemos a cargo de informar seamos capaces de no sumarnos a las corrientes ni a las modas y seamos coherentes con nosotros mismos y con nuestras ideas.
        Un abrazo grande.



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