La imparcialidad en la escritura y los adjetivos

La imparcialidad en la escritura y los adjetivos

No creo que exista ninguna persona que pueda ser imparcial ante algo. Siempre tenemos una opinión y la manifestamos; aunque estemos convencidos de no hacerlo.

Cuando tenía 8 años me regalaron un librito para niños con afanes periodísticos. Fue mi primer acercamiento al mundo de la comunicación; y me apasionó tanto, que no hubo forma de salirme de eso. Leía esas páginas, preparaba textos, me preocupaba por mantener el estilo y cuidar la letra del copete, preparaba entrevistas que iban destinadas a criaturas invisibles y hacía unas pequeñas revistitas caseras muy pero muy sencillas y que ya no conservo. Los viajes nos lo arrebatan todo; por fortuna, no los recuerdos.

En ese libro leí con suma atención sobre la importancia de no influenciar a los lectores, de ser objetivos al escribir nuestras notas y de intentar ocupar un rol en el que perdiéramos nuestra identidad (ideas, sentimientos) en pos de ofrecer una comunicación directa y pura. Entonces estaba de acuerdo con ello y durante años cada vez que me encontraba con alguna nota periodística en la que se colaran las emociones del autor me enojaba muchísimo y lo acusaba de falta de profesionalidad. Hoy creo que esas notas, donde se lee a su autor, son las más sinceras y necesarias. Perseguir la objetividad me parece casi tan necio como creer que podemos alcanzar la perfección. Siempre tenemos opiniones y ellas se mezclan en nuestros textos.

La imparcialidad en la escritura y los adjetivos

Cómo utilizar adverbios y adjetivos

Se dice que adjetivos y adverbios dificultan las metas del periodismo honesto. ¿Por qué al mundo le resulta más honesto recibir una noticia y asumirla como imparcial que conocer el pensamiento del periodista? ¿Acaso puede existir más deshonestidad que no tomar partido ante una realidad?

El problema, estimo, reside en que a veces ciertos tipos de palabras, como adverbios y adjetivos, terminan cumpliendo la función de disimular la falta de contenido de un texto, engordándolo y volviéndolo más pretencioso. Y es fundamental que aprendamos a diferenciar entre ambas cosas: aprender a trabajar con precisión nuestros textos no exige dejar de lado este tipo de adornos, sino aprender a usarlos en el momento adecuado.

Según lo exponía Gonzalo Martín Vivaldi la parte variable de una oración es el adjetivo que siempre se pone al servicio del sustantivo para ofrecerle algún tipo de modificación en cuanto a sus cualidades o especificaciones; a su vez, debe concordar con él en género y número. La función del adjetivo es por lo tanto, reducir las posibilidades del sustantivo; enmarcarlo en un contexto y darle un sentido determinado. En un texto periodístico puede ser el adjetivo adecuado el que nos ayude a exponer una idea, sin perder la profesionalidad.

La concordancia entre los adjetivos y los sustantivos con los que se encuentran relacionados debe ser respetada para evitar que la oración resulte incorrecta. De este modo es conveniente que, si el sustantivo se halla en plural el adjetivo también sea escrito en su forma plural, lo mismo si estamos ante un sustantivo de género femenino o masculino. Y si estamos ante más de un sustantivo, el género del adjetivo deberá corresponder con el del último sustantivo. Lo mismo ocurre con el verbo que los acompaña.

Incorrecto: “Llevaba claveles y rosas rojos“.
Correcto: “Llevaba claveles y rosas rojas“.

La imparcialidad en la escritura y los adjetivos

El abuso de los adjetivos

Algunos adjetivos resultan inexpresivos ante un determinado sustantivo. Tal es el caso de ejemplos como estos “Hemos pasado una tarde maravillosa”, “Es un espectáculo lindo”, “Te recomiendo ese restaurante majestuoso”. Son adjetivos sumamente comunes y que ensucian las frases. Porque si te estoy contando que he ido de día de campo con mis amigos es muy posible que no deba agregar que ha sido una tarde maravillosa; si te estoy invitando a un evento al que he ido o en el que considero debes participar es redundante que te exprese que es lindo, ¿por qué habría de recomendártelo sino?; y si te estoy recomendando un restaurante, es posible que no necesites que te diga que es majestuoso o extraordinario, mejor te cuento qué puedes comer allí. ¿No te parece?

Los adjetivos se han venido abajo por el abuso que se hace de ellos. Según Valery, la inflación de la publicidad ha reducido la potencia de los adjetivos y condenado a la soledad a los sustantivos. Siguiendo con esta idea, Vicente Huidobro expresó que cuando el adjetivo no da vida, la quita. Es importante que escojamos con precaución los adjetivos; lo cual no significa que prescindamos completamente de ellos. Es cierto que muchas veces escoger bien el sustantivo nos permite prescindir de un adjetivo; no obstante, podemos intentar dotar al propio sujeto de un sentido nuevo si además de escoger el sustantivo adecuado nos decantamos por un adjetivo útil.

Volviendo al comienzo, pienso que una de las principales habilidades que debemos desarrollar los que nos dedicamos a la redacción es la de expresar nuestras ideas sin aturdir o condicionar a los lectores. Tenemos que aprender a diferenciar entre un texto donde nuestros pensamientos aparezcan escondidos, pero presentes, y otro que se constituya solamente de nuestras opiniones. Supongo que encontrar el equilibrio debería ser el objetivo de todo periodista o aficionado a este género.

Pero antes de todo eso debemos partir de la base de (quería escribir aceptar) que la objetividad no existe y que decir lo que pensamos y sentimos no puede ser tomado nunca como un acto deshonesto. La sinceridad debería ser nuestro primordial objetivo. En lo que a mí respecta, me sumo a las palabras de Goethe y prometo ser sincera pero jamás imparcial.

La imparcialidad en la escritura y los adjetivos

Comentarios1

  • La Pilarica

    Plenamente de acuerdo!



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