El género, el número gramatical, la estructura, la forma, la composición y el origen son algunas características que influyen en la clasificación de los sustantivos, ese tipo de palabras que puede funcionar en una oración como núcleo del sujeto, más allá de tener o no un artículo o, incluso, de presentar variaciones en su género o en su número.

En esta oportunidad, los protagonistas de la información que compone a este artículo son los sustantivos primitivos, una clase específica de palabras que, al igual que los gentilicios, los derivados, los aumentativos, los diminutivos, los despectivos, los patronímicos y los hipocorísticos, poseen propiedades vinculadas al origen, es decir, a la creación de los vocablos.

Se denomina primitivas a todas las palabras que sirven para crear otra serie de términos vinculados entre sí. Debido a esa característica, este tipo de sustantivo funciona como raíz de las palabras que derivan de él y, de esta forma, da origen a los sustantivos derivados, que no son más que vocablos primitivos con sufijos o prefijos.

En relación a la composición de esta clase de palabras, es importante destacar que sólo está formada por un lexema básico, aunque en ciertas ocasiones incluye morfemas de género y número.

“Estudio”, “mar”, “diente”, “pan”, “carne”, “niño”, “lápiz”, “árbol”, “zapato”, “mesa”, “flor”, “queso”, “ojo”, “jardín”, “coche” y “libro” son algunos de los términos incluídos dentro de la categoría de sustantivos primitivos, mientras que ejemplos como “estudiante”, “marino”, “dentista”, “panadería”, “panadero”, “carnicería”, “niñez”, “arboleda”, “zapatero”, “zapatería”, “mesada”, “florero”, “florista”, “quesera”, “jardinería”, “cochera”, “librero” y “librería” sirven como modelos prácticos para apreciar con facilidad la composición de los sustantivos derivados.