A la hora de definir a los sustantivos aumentativos hay que tener en cuenta que éstos poseen prácticamente las mismas características que los diminutivos, excepto por un “pequeño gran” detalle: mientras los términos definidos como diminutivos se caracterizan por designar cosas, animales, personas y fenómenos pequeños, los aumentativos, como su nombre lo indica, se utilizan para nombrar a los mismos conceptos, pero de forma que se acentúe su grandeza o su mayor grado de intensidad.

De esta forma, puede decirse que, así como “ita”, “ito”, “illo” e “ica” son las terminaciones más comunes dentro de los sustantivos diminutivos, los aumentativos suelen llevar con frecuencia una raíz como “azo”, “ote”, “ón”, “ota” y “acho”, entre otras, al final de cada palabra enmarcada dentro de esta categoría.

“Golpazo”, “toallón”, “golazo”, “perrazo”, “ojazos”, “madraza”, “caserón”, “ruidazo”, “cucharón”, “nubarrón” y “panzota” son algunas de las palabras que sirven como ejemplos de estos sustantivos que no sólo se pueden agrupar dentro de los aumentativos, sino que también forman parte de una clasificación mayor, la de los sustantivos derivados (donde también figuran los ya mencionados diminutivos y gentilicios, junto a los despectivos y los patronímicos).

Por otra parte, es importante recordar que, al igual que los diminutivos, los sustantivos aumentativos también pueden dividirse en masculino (“botellón”, “piletón”) y femenino (“cabezota”, “manota”), ser singulares (“cachetón”, “bocaza”) o plurales (“muñecotas”, “padrazos”).

Ejemplos de uso de los sustantivos aumentativos:

“El niño se dio un golpazo mientras jugaba”
“El toallón nuevo es de color azul”
“Sonia es una madraza”
“Todo su equipo lo felicitó por el golazo que metió”
“Mi sobrina tiene unos hermosos ojazos azules”
“El botellón de agua está en la cocina”
“Allanaron el caserón en busca de pruebas”
“Pásame el cucharón para servir la sopa”
“El sol quedó opacado por un nubarrón”

“Mi vecino tiene un perrazo que atemoriza al barrio”