Reglas básicas para la escritura de aumentativos

Hoy vuelvo con un texto sobre ortografía, para que sigamos puliendo nuestra comunicación. Siempre es conveniente poner a prueba cuánto sabemos pero sobre todo cuánto de lo que sabemos es útil y está bien fundamentado. Las normas de ortografía no están hechas para cumplirlas a raja tabla, sino para conocerlas y saber cuándo es adecuado y estético romperlas y cuándo, no. Las normas existen para poner unos parámetros que permitan una comunicación fluida, para evitar malentendidos y para aportar riqueza a nuestro discurrir cotidiano. No obstante, la utilidad de estos textos no es informar acerca de lo que se debe hacer, sino poner sobre la mesa lo que las diversas academias de la lengua consideran que se debe hacer. En nosotros está interesarnos tanto por el lenguaje, al punto de poder modificarlo sin perder la capacidad de entendernos con los demás.

Aumentativos: definición y tipos

Hace unos días, uno de nuestros lectores preguntaba acerca de la escritura de dos aumentativos: ‘cuerpazo’ y ‘portazo’. Esto me ha llevado a leer acerca de las composiciones de los aumentativos y sus variantes. ¿Cuál es la lógica para que dos aumentativos que parten de sustantivos similares no se formen de idéntica forma? Creo haber dado con una respuesta: el paso y el peso de la historia modifica el lenguaje, no siempre con una lógica a simple vista aceptable.

Pero para poder aclarar esta duda, debemos en primer lugar entender qué es un aumentativo y cómo se forma. Así que haremos una brevísima introducción sobre este tipo de palabras, sus clasificaciones y sus usos para entrar en calor.

Un aumentativo es una palabra formada por la unión de un sustantivo o adjetivo con un sufijo aumentativo (cuya función es aumentar las características de la palabra que acompaña). La utilidad de este tipo de palabra es dotar al término original de una calificación enfática. En general se usa para denotar aprecio o admiración, pero también puede usarse con una intención despectiva, para transmitir desprecio por una característica exagerada del sujeto del que se está hablando.

Hay que señalar que los matices que aportan los sufijos a la palabra no tienen que ver exclusivamente con el sentido semántico de éste, sino que varían también en función de la región en el que se lo utilice. De hecho, lo que en una región puede utilizarse como un aumentativo peyorativo en otro puede tener un sentido positivo.

Como ya dijimos, los aumentativos se forman usando la raíz de la palabra y añadiéndole un sufijo; para ello existen muchas partículas apropiadas para dotar sentido a la palabra. Los más utilizados son ‘azo’/’aza’ (amigazo/amigaza), ‘ón’/’ona’ (campeón/campeona), ‘ote’/’ota’ (casota), aco/aca y anco/anca (libraco). En cada uno de ellos también caben más variantes, dependiendo de la formación del sustantivo del que se parte se escogerá uno u otro sufijo.

Variaciones de los aumentativos con los años

A la hora de decidir cómo se compone el aumentativo de una palabra deben tenerse en cuenta algunas sencillas reglas.

  • Si el sustantivo del que partimos termina en consonante se le agrega al final el sufijo, si termina en vocal, ésta es reemplazada por la primera letra del sufijo. Así tenemos el aumentativo ‘maizazo’ que se forma de la palabra ‘maíz’, y el aumentativo ‘casota’ que se forma del sustantivo ‘casa’ (debemos prestar atención a la pérdida de la última vocal en el segundo caso).
  • En el caso de las palabras que acaban en doble vocal pero las cuales no forman diptongo, se suele intercalar una ‘h’ entre la raíz y el sufijo para ayudarnos en la pronunciación.

Sin embargo, algunas reglas han cambiado. Hasta no hace mucho tiempo las palabras que tenían un diptongo en la raíz lo perdían (‘tierno’, ‘ternísimo’); no obstante, en el último siglo esta regla ha variado mucho, dando lugar a lo que me parece una inconsistencia en la formación de aumentativos. Y es que al día de hoy algunas palabras con diptongo lo conservan, y otras lo eliminan. Así tenemos el caso de ‘portazo’, que sigue escribiéndose respetando esta norma y ‘cuerpazo’ que la rompe. En estos casos, siempre conviene consultar con el diccionario para saber cuál es la forma más aceptada.

Cabe mencionar que hasta hace unos años, se consideraba más correcto el uso del aumentativo ‘corpazo’, pero como desde el siglo XVII se venía usando ‘cuerpazo’ y, teniendo en cuenta que no se halla mal formado, la academia ha debido aceptarlo. También ha cambiando su sentido. Antes sólo se utilizaba para hacer referencia al tamaño, pero ahora ha adquirido otro matiz, utilizándose para referirse al buen estado del cuerpo de alguien, cuyas características son tan imponentes que te dejan sin aliento.

Una vez más este artículo de la sección Taller Literario se apoya en publicaciones que pueden encontrar en la Web del Español Urgente. No obstante, en esta ocasión, he consultado también la “Gramática de la lengua castellana según ahora se habla”.

 



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