Desde hace varios siglos, el método más usual para la difusión de textos es la impresión sobre papel. Este recurso técnico implica una cierta práctica social y cultural, que consiste en una lectura lineal. El texto impreso ofrece sus letras, palabras y oraciones, en ocasiones acompañadas por fotos o dibujos, en un orden lógico para que el lector pueda comprender la información.

Texto digitalAlgunos autores, como el argentino Julio Cortázar, intentaron jugar con el carácter lineal de los textos tradicionales. El libro “Rayuela”, por ejemplo, puede ser leído de principio a final, pero también mediante el salto alternativo entre distintos capítulos no consecutivos.

Lo que Cortázar no llegó a vivir fue la irrupción del texto digital, que suma numerosas posibilidades a la lectura. La interactividad permitida por este tipo de textos es imposible en el mundo impreso.

Los textos publicados en Internet o en otros medios digitales (como un CD) se basan en el hipertexto, es decir, en la posibilidad de seguir diversos enlaces (links) y elegir cómo continuar la lectura. Por ejemplo, el lector puede estar leyendo una noticia en un diario digital y, antes de llegar al final, seguir un enlace que lo lleva a otra noticia o a otro medio.

De esta forma, más allá de que el proceso de lectura no se haya modificado en su esencia, el carácter lineal ya no es tan rígido.

Por otra parte, el texto digital trasciende las palabras escritas, ya que suele incluir elementos multimedia (audios, videos, animaciones, etc.) que complementan la lectura.

Así como lo digital modifica la actividad del lector, también supone un cambio en el trabajo del escritor. Si bien pueden existir textos digitales que se limiten a las palabras escritas (incluso sin presentar enlaces), las nuevas tendencias suponen la inclusión de las mencionadas características multimedia e interactivas para enriquecer los textos.