Según señala la Real Academia Española (RAE), el término anáfora deriva del latín anaphŏra y éste, a su vez, proviene de un vocablo griego que significa “repetición”. De ahí que, en el ámbito gramatical, este concepto sea utilizado para hacer referencia a un tipo de indicación (deixis) que se desprende del uso de algunas palabras para conservar el significado de una parte del discurso ya emitida, mientras que en el plano retórico constituye una figura literaria que se caracteriza por la repetición de una palabra cuando ésta encabeza la frase.

Si bien las anáforas suelen utilizarse en textos literarios (más precisamente en las poesías), también son figuras empleadas en el ámbito periodístico que buscan, entre otros fines, conseguir la adhesión del lector hacia la opinión del comunicador.

En el poema “La Hora”, de Juana de Ibarbourou, es posible apreciar la anáfora a través de expresiones como “tómame ahora” o, simplemente, “ahora”, que la autora reitera para imprimirle más belleza y sentido a su obra. Asimismo, el poeta español Federico García Lorca se valió de este recurso literario para componer el verso “llora monótona como llora el agua, como llora el viento sobre la nevada”, perteneciente al poema titulado “La guitarra”.

Por otra parte, se puede decir que, para la gramática generativa, este elemento no referencial que requiere un antecedente en un dominio sintáctico local es comparable con los pronombres ya que, a diferencia de las anáforas, los pronombres establecen un referente distinto a los de todos los nombres dentro de un mismo sintagma.

A partir de estas apreciaciones surgen entonces diversas denominaciones para los distintos elementos designativos existentes que varían de acuerdo al tipo de referente: los elementos anafóricos, los pronominales y los referenciales.