Observando un paisaje

Gustavo Tisocco, poeta argentino, ubica la voz, el drama del hombre de este siglo y del siglo pasado, en la lucha retorcida que clama tanto por el bien como por el mal.

Las metáforas paganas que viajan por sus versos nos muestran la multitud de sentimientos, protagonistas activos de este libro que se llama Paisaje de adentro. Bien, el mundo tiene sus paisajes dichosos, celebrados, y el ser humano también. Mas el paisaje del ser humano suele mostrarse desnudo, a veces, y desolado, como esas calles desiertas, esos árboles frondosos, esas rarezas de la ciudad, que tan magníficamente ilustran la obra del autor. El paisaje del alma, de lo vivido por dentro, es muy desconocido, por más que uno lo visite, de día o de noche, con los pensamientos.

En el inquietante lienzo poético de Tisocco, puede verse una belleza lacerante, una forma castella nueva, un nacimiento de la sangre y del dolor en colores que van -permanentemente – tras la búsqueda de su propio destino. Los “paisajes” son urbanos -¿por qué no?- pero muy vivientes; vivientes hasta la médula, diría.

A pesar de la ardua empresa que encierra su poesía, puedo afirmar que sus versos tocan, llegan al corazón del individuo común y corriente, provisto solamente de una mediana cultura. Y esa es la enorme virtud del quehacer artístico de Tisocco.

Escribir para ser comprendido por todos es, creo yo, el gran éxito del poeta. No creo, no creeré nunca en el hermetismo. Nada debería de tener de extraño que la opinión anónima celebre la poesía sencilla de todos los días. El autor de Paisaje de adentro nos acerca un texto sencillo, claro. Legítima sustancia de humanismo corre por las palabras de este poeta. Se siente en cada paisaje viviente, una experiencia de amor por el prójimo, y de dolor por los desamparados de siempre. Los poemas de Gustavo Tisocco están llenos de sentidos numerosos, diversos, cada uno sencillo, nada artificioso, sino elemental, como se pretende de un verdadero artista. Un reproche a la vida, por lo dura que ella es, por la carga que supone ser para la conciencia humana, por su alegría apenas vista, se deja entrever en los versos.

Marcadamente literario, en todo el sentido de la palabra, Gustavo Tisocco nos entrega un arte rico, lleno de madurez y de profundidad. Esta es la poesía que no ha menguarse ni ha de languidecer. Antes bien, entre todas las variedades de poesía escrita, la suya nos revelará por siempre un panorama, un paisaje, donde estamos todos, complejos, diversos, ociosos, pensativos, alegres, y definitivamentehumanos. Guardo el libro de este poeta, mientras observo el paisaje diario que ofrece el cielo desde adentro.

Si me buscan, soy felino negro,
se persignan ante mí, asusto.

Yeta de martes trece,
cola, que si la pisas, no te casas,
preámbulo de cementerio.

Yo cabalgo
erotizando estatuas con mi vello suave,
mi caricia perversa.

Meticuloso, tengo hambre y sombras,
sé de espantos, creo en Dios
y abrigo pulgas.

Soy gato de plaza vieja,
disfraz de resignados días.

Gustavo Tisocco

Escrito por Delfina Acosta en el Suplemento Cultural del diario ABC (Paraguay)

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Comentarios2

  • josé ramón alcorta

    Bello comentario para una obra poética que sin duda debe merecerlo, pues nada bello nace de de lo feo y muerto, que deja al hombre enajenado y sin palabra y sin palabra no hay sentido y sin sentido no hay vida, sólo caos primigenio, expresión de un viaje inútil.

  • Gus…

    Gracias Delfina por tus palabras, por tu aporte a la difusión de la poesía mía y de otros y por el periódico que me ha llegado...

    Un abrazo Gus.



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