Llanto por la tierra amadaSe relaciona, básicamente, a Sudáfrica con elefantes, tigres, jirafas, búfalos, animales salvajes y hombres de color.

Y es normal, hasta cierto punto, que sea así, porque la esencia de la fauna y de la flora exuberante radica en ella.

Para conocer mejor la historia verdadera de Sudáfrica, se recomienda leer Llanto por la tierra amada.

Esta novela es una historia sobre Sudáfrica. No fue escrita en dicho país, sin embargo. Las páginas del libro empezaron a llenarse con tinta en Trondheim, Noruega, en septiembre de 1946. La novela fue acabada de escribir en San Francisco, la víspera de Navidad, aquel mismo año.

Que una historia sobre un país de costumbres tan radicales y marcado por enfrentamientos raciales se haya escrito en un sólo año da cuenta de la apasionada entrega así como del conocimiento sobre Sudáfrica que poseía su autor, Alan Paton.

El caso es que Llanto por la tierra amada tuvo éxito inmediato, porque dejó ver las rasgaduras interiores de un país habitado -en la época de la composición del libro- por más de tres millones de blancos, gente de color que superaba los dos millones, siendo medio millón de raza india y el resto, africanos.

Pero debe saberse que la ciudad de Johannesburgo ha crecido en los últimos tiempos tremendamente, y hoy por hoy, tiene más de 2.026.469 de habitantes.

El libro, andariego, tuvo su inicio, como ya lo he dicho, en Trondheim, Noruega, y pasó por Suecia, y los Estados Unidos, para llegar a su final en San Francisco. Alan Paton lo escribía casi siempre en los hoteles, durante una gira de estudios por las instituciones penales y correccionales de Sudáfrica.

Dijo Charles Scribner, Jr., que Llanto por la tierra amada se ha convertido en un clásico y una obra de lectura obligada en las escuelas y universidades junto con Ethan Frome, El gran Gatsby y El viejo y el mar.

Por supuesto, ha pasado a ser también una rica fuente de consultas debido al sentido profundo de la realidad con que el autor supo describir lo trágico de las existencias humanas que se han visto tocadas por el apartheid.

Fue necesario que saliera a la luz un libro colosal como La cabaña del tío Tom, para que un país tomara conciencia del estado de injusticia en que vivían los negros esclavos en los Estados Unidos. Se ha dicho que la obra de la abolicionista Harriet Beecher Stowe precipitó la Guerra de Secesión, que ya se veía venir entre norteños y sureños.

Pues bien, Llanto por la tierra amada ha sido capaz de abrir las mentes para los lectores llegaran a darse cuenta de lo horrible y perverso que resultó ser aquel sistema político del apartheid.

Antes de Llanto por la tierra amada, Alan Paton era un ser humano desconocido.

Después de la publicación del libro, la fama y el reconocimiento mundial estuvieron de su lado.

En 1934 Hofmeyr fue nombrado ministro de Educación e Interior. En función de ese cargo, puso empeño en conseguir que se aprobara una ley por la cual la responsabilidad de los reformatorios pasaba a formar parte directa del Departamento de Educación. Paton, entusiasmado con su proyecto de igualdad en el trato social, tomó la dirección de Diepkloof, un enorme reformatorio de jóvenes negros de Johannesburgo. El estado del reformatorio era calamitoso. Las gentes vivían hacinadas en celdas donde una jarra de agua y un cubo para las necesidades corporales era todo cuanto poseían. Y Paton se negaba a ese horror. Pero no sabía cómo hacer para revertir aquella situación dramática en un estado de orden y de disciplina.

Sin embargo, al cabo de tres años de una titánica entrega a la causa de la reformación escribió el siguiente informe: “Hemos eliminado todos los signos más evidentes de detención. Los dormitorios permanecen abiertos toda la noche: la gran puerta de barrotes ha desaparecido”.

La idea de dar a los jóvenes negros la oportunidad de asistir a clases y aprender un oficio que los capacitara para desempeñar un trabajo remunerado impulsó a Paton a usar la libertad como el mecanismo de su reforma.

De su comportamiento dependía que obtuvieran autorización para visitar a sus familias los fines de semana. De los diez mil chicos que partían a sus hogares en plan de visitantes, solamente un uno por ciento no regresó.

Un joven negro dio muerte a una mujer blanca cuando ésta lo encontró en la despensa de su casa. Esta circunstancia habría de ser el tema que inspirara a Paton para desarrollar una circunstancia similar de su texto Llanto por la tierra amada.

Absalón, hijo de un sacerdote negro de la zona de Nepal, comete un atraco en el que muere un joven blanco, hijo de un poderoso terrateniente blanco cuyo nombre es James Jarvis.

El padre del joven blanco se entrega a la intolerancia racial. Pero la humildad, el amor, el sentimiento pacifista de Stephen Kumalo, padre de Absalón, hace posible que ambos padres, heridos por el dolor, terminen reconciliados. La conciencia del perdón, de la convivencia dentro de un marco de paz marcan el argumento, el eje, el mensaje de la novela.

La nave

Se parece a nuestra esperanza.
Navega todavía, no sabemos cómo,
entre viejos cargueros remozados
que a nadie engañan cuando se van a pique.

Su bandera de conveniencia
es un inconveniente panameño,
liberiano, chipriota.
Su carga es un misterio profundo.

Sus tripulantes, cuando no hablan inglés,
insultan en la lengua de Neptuno.
Podemos verla esta mañana
desde una playa de bañistas
o de este lado de la tevé.

En un mar de petróleo derramado,
esa inocente proa busca un rumbo.
Abre un surco, lo abre ahí,
donde desovan muerte los peces
y se empantanan hasta morir
las hambrientas gaviotas hambreadas.

Jacobo Rauskin