En abril de 1841, la revista “Graham”s Magazine” publicó por primera vez un cuento de perfil policial con dosis de terror que su creador, el escritor estadounidense Edgar Allan Poe, dio a conocer bajo el título de “Los crímenes de la calle Morgue”.

La historia narrada en este relato gira en torno al brutal asesinato de Madame l”Espanaye y su hija Mademoiselle Camilla, un crimen cometido en un departamento ubicado en la rue Morgue, una frecuentada calle parisina. En un principio, las investigaciones policiales parecen fracasar, aún cuando las personas que prestaron su testimonio (entre las cuales se encontraba una lavandera, un estanquero, un banquero, un gendarme y un médico) intentaron aportar pistas de interés para esclarecer este macabro episodio que, como era de esperarse, no tardó en convertirse en noticia.

Sin embargo, el panorama desalentador cambia de rumbo una vez que Monsieur C. Auguste Dupin, un detective aficionado, comienza a buscar indicios y a relacionar datos con el fin de develar este misterio que tiene a Adolphe Lebon encarcelado por haber sido el último individuo en ver a las víctimas con vida, y es así como, con ingenio y sagacidad, llega a ofrecer una extraordinaria explicación que, finalmente, demuestra que el señor Lebon había sido acusado de manera injusta ya que, de acuerdo a la deducción de Dupin, el responsable de los crímenes no puede ser, bajo ninguna circunstancia, un humano.

Cabe destacar que, antes de pasar a contar la trama de “Los crímenes de la calle Morgue”, Poe dedica varios párrafos a aquellas facultades mentales que suelen considerarse como analíticas y, a partir de entonces, comienza a narrar en primera persona, el primer encuentro en París con Dupin, a quien describe como un joven perteneciente a una ilustre familia que, por diversos motivos, se había sumido en la pobreza.