Aunque muchos hayan conocido la historia de “Como agua para chocolate” gracias a su adaptación cinematográfica, lo cierto es que este relato surgió en 1989 como un material literario y, a partir de entonces, no hizo más que cosechar éxitos, tanto en su versión original (ámbito en el cual fue traducido a más de treinta lenguas) como en la pantalla (medio a través del cual ganó numerosos premios).

Esta novela creada por la escritora mexicana Laura Esquivel está ambientada en tiempos de la Revolución Mexicana y tiene como protagonista a Tita De la Garza, una joven criada bajo normas estrictas que, tal como establecían las costumbres sociales de la época, por ser la hija menor debía consagrar su vida al servicio familiar y postergar su vida amorosa.

Sin embargo, la realidad no resulta como todos esperaban y Tita se enamora de un apuesto joven llamado Pedro Muzquiz. Al enterarse de esta situación, la madre de la muchacha decide ofrecer en matrimonio a Rosaura, otra de sus hijas.

El matrimonio se celebra por obligación y, a partir de entonces, Tita se vuelve un ser triste pero, a la vez, alegre por saber que su amor había aceptado la relación con su hermana sólo para estar cerca de ella.

Mientras Pedro aprovecha cualquier ocasión para demostrar sus sentimientos hacia Tita, Rosaura da a luz un bebé y queda demasiado débil, razón por la cual será Tita quien amamante al recién nacido. Tiempo después, la madre obliga a los flamantes padres a marcharse junto a su hijo a Texas para evitar el contacto con Tita y, en ese marco, el niño muere.

Ya de regreso en la casa familiar, la pareja vuelve a agrandarse con la llegada de Esperanza y los problemas no tardan en resurgir. En ese contexto, Tita terminará por vivir en la casa de John Brown, el médico de la familia, pero, meses más tarde, ella regresa a su hogar y, tras la muerte de la madre, se reanuda la pelea de las hermanas por el amor de Pedro.

Los años pasan y el fallecimiento de Rosaura se hace inevitable. Sin embargo, los protagonistas de esta historia de amor prohibido no experimentan felicidad por esta pérdida sino alivio ya que, por primera vez en sus vidas, ambos podrán disfrutar sin temor de la pasión que los une aunque terminen por encontrar su verdadero bienestar, en la muerte.