En 1910, la escritora estadounidense de origen británico Frances Eliza Hodgson Burnett ofreció al mundo una historia de su autoría que se caracteriza por dotar a un jardín con una importante diversidad de símbolos relacionados a la vida, la muerte, la enfermedad y la salud.

Pese a ser una creación antigua, ningún relato posterior fue capaz de quitarle importancia o valor a esta fábula protagonizada por tres niños que se encargan de transformar a un abandonado y viejo jardín secreto en un espacio de desarrollo personal donde predominan los buenos sentimientos y la amistad.

Con el tiempo, este cuento que se dio a conocer bajo el título de “El jardín secreto” no sólo fue traducido a diversos idiomas y se convirtió en un clásico de la literatura infantil en lengua inglesa, sino que también fue adaptado al cine y a la televisión.

La protagonista de esta historia es Mary Lennox, una niña huérfana que, tras perder a sus padres como consecuencia de una epidemia de cólera en la India, viaja a Inglaterra con el fin de vivir al cuidado de su tío, un hombre viudo que reside en una imensa mansión de Yorkshire junto a su malcriado hijo discapacitado. Allí, Mary descubre un inmenso y cerrado jardín que ha estado abandonado por años y decide transformarlo en un refugio extraordinario para ella y sus tres nuevos amigos.

Como podrá sospechar más de un lector, detrás de este relato de personajes inocentes y soñadores se esconde un mensaje mucho más profundo que guarda relación con el cuidado y el desarrollo de nuestro interior y con el estado de nuestro planeta. A través de las vivencias de la pequeña huérfana, Burnett no sólo pretende cautivar y entretener al público sino que intenta enseñar el valor de la Tierra y la importancia de ser, cada día, más humanos.