Dentro de la producción literaria del escritor inglés Aldous Huxley uno de los trabajos más destacados es, sin duda, “Un mundo feliz”.

Esta obra que hoy ha decidido difundir Poemas del Alma posee perfil futurista y ya tiene varias décadas de antigüedad (para más datos, apareció por primera vez en 1932), pero su trama aún genera interés en muchos amantes de la literatura. Prueba de ello es que, por ejemplo, el realizador Ridley Scott se ha asociado con Leonardo Di Caprio para elaborar su adaptación cinematográfica.

Si “Un mundo feliz” llegó a transformarse en un clásico de la literatura del último siglo es por las características que Huxley le imprimió. Al leer este material, el lector resulta asombrado por la capacidad que tuvo el autor para adelantarse a muchos hechos y contar, con ironía y recursos metafóricos enmarcados en el plano de la ficción, cómo sería el futuro.

Al momento de elaborar el relato, el novelista no tenía certezas de lo que podía llegar a suceder décadas más adelante, pero sus intuiciones no fallaron: el mundo que él describió como cómodo, al que presenta como seguro y estable y capaz de satisfacer todas las necesidades en materia de consumo, incluso hasta el punto de crear seres in vitro y dejar de lado los valores esenciales de la humanidad, no era un invento, era un universo que se iría constituyendo con el paso del tiempo.

En el espacio imaginado por Huxley, los habitantes prefieren renunciar a la libertad a cambio de vivir sin problemas, se someten a los efectos de una droga y hallan la felicidad plena a través de desarrollos tecnológicos, avances en el campo de la genética, el perfeccionamiento de la salud y la modificación de ciertas conductas y pensamientos humanos. Allí, la guerra y la pobreza no existen y la alegría es una constante.

Sin embargo, ese estado de aparente bienestar no fue gratuito, sino que surgió como consecuencia de algunas pérdidas que, en cualquier sociedad, tiempo y lugar deberían ser factores importantes, tales como los valores morales, el respeto por la familia y la existencia de la diversidad cultural, entre otras cuestiones que, en efecto, van perdiendo, con el paso del tiempo, relevancia en el mundo real.