Aunque, por algún tiempo, Fernando Lalana dedicó su vida a estudiar Derecho, convencido de que su destino estaba vinculado al mundo de la justicia, este español no tardó demasiado en descubrir que su verdadera vocación estaba asociada al universo literario.

Impulsado por sus ganas de crear historias dirigidas, en especial, al público infanto-juvenil, el flamante autor no sólo se nutrió de su imaginación, sino que, a la hora de elaborar relatos, también encontró inspiración en su entorno.

“Morirás en Chafarinas”, por ejemplo, es una novela que Lalana construyó con recuerdos de su experiencia en el Grupo de Regulares de Melilla, donde él realizó el servicio militar. Por medio de esta obra que desarrolló valiéndose de sus propias vivencias e influenciado por el paisaje de la ciudad, Lalana no quiso limitarse a entretener a los lectores, sino que su objetivo principal fue impresionarlos con una apasionante historia basada en la vida militar y asociada al tan temido mundo de las drogas.

El resultado, como se puede comprobar al conocer el contenido de este libro, es una propuesta literaria repleta de suspenso, violencia y aventuras, donde la acción comienza a desarrollarse tras el inicio de una investigación desencadenada a raíz de una sucesión de violentas y extrañas muertes ocurridas en un cuartel. En ese contexto, se verá involucrado un cabo de reemplazo del grupo de los Regulares de Melilla y, a partir de entonces, quedará al descubierto un intrigante y complicado panorama que llevará, tanto al lector como a los protagonistas del relato, a descubrir traiciones, drogas, asesinatos y suicidios, entre otras problemáticas.

Gracias a las características y la repercusión que tuvo esta historia, en 1991 el escritor fue distinguido por el Ministerio de Cultura de su país con el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil. Años después, el cineasta Pedro Olea llevaría a esta destacada obra a la pantalla grande.