Como habrán advertido al leer el título de este artículo, Poemas del Alma ha decidido hacer referencia a una de las obras más destacadas de Adolfo Bioy Casares, el colega y amigo de Jorge Luis Borges que, precisamente, utilizó la escritura para dar a conocer, bajo el nombre de “Borges”, detalles íntimos de la relación de amistad que lo unía al creador de “El aleph”.

Tal como adelantamos en el párrafo anterior, “La invención de Morel” es uno de los trabajos más sobresalientes de Casares, quien escribió el relato en 1940 sin sospechar que, tiempo después, este material se convertiría en uno de los clásicos literarios del género fantástico en español.

A través de su argumento, este libro cuyo contenido ha sido adaptado en varias ocasiones tanto al ámbito cinematográfico como al teatral, lleva al lector a reflexionar sobre la inmortalidad, el amor, la soledad y los alcances del poder.

El relato gira en torno a una atípica historia de amor cuyos protagonistas son un hombre y una mujer que llevan una vida incompatible tanto en espacio como en tiempo. Ambos se conocen por casualidad (u obra del destino) cuando un fugitivo que había sido condenado a cadena perpetua por un fallo que, en la novela, se describe como injusto, llega, a remo, a una isla desierta ubicada en algún remoto lugar del Pacífico Sur.

Por ese entonces, esta región donde se mantienen en pie algunas construcciones abandonadas comenzaría a cobrar vida con la llegada de un grupo de turistas en el que está incluída Faustine, una mujer a la que el prófugo intenta declararle su amor, aunque un misterioso fenómeno parece obstaculizar el propósito de este hombre enamorado.

Con el tiempo, mientras la realidad y la alucinación se confunden y provocan un sinfín de situaciones enigmáticas, el fugitivo logrará encontrar el camino para esclarecer cada una de las incógnitas.