La Divina Comedia es, sin dudas, una de las obras maestras de la literatura universal. Su autor fue Dante Alighieri, un destacado poeta italiano que, a través de este poema de perfil teólogico, puso punto final a la visión medieval de concebir el mundo.

El texto, que le permite al lector conocer asombrosas historias, consta de tres partes: el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso, los cuales se dividen en cantos.

La pieza inicial describe el descenso del autor al Infierno, donde éste, acompañado por Virgilio, descubre a varios personajes antiguos y se sorprende frente a la estructura ideada, compuesta por varios círculos, para castigar a aquellos que, en vida, han cometido pecados que, aquí, son condenados de acuerdo a su nivel de gravedad.

Ya en la segunda parte, ambos atraviesan el Purgatorio y se ven obligados a despedirse ya que a los paganos como Virgilio no se les permite ingresar al Paraíso. En palabras del propio poeta, “el Emperador que allá domina” le ha vedado el acceso a “la ciudad divina” por haber desconocido “su ley eterna”.

Ante esta situación, Dante decide continuar el recorrido en soledad y, a medida que avanza, sus pecados van en disminución, debilitados por el arrepentimiento que experimenta el personaje.

Al llegar al Paraíso, el protagonista encuentra a su amada Beatrice y puede sentir la presencia de Dios pero, al intentar dirigir la mirada hacia Él, su memoria se desborda, sufre un desmayo y, tiempo después, despierta.

“La Divina Comedia”, más que un texto analizado y admirado a través del tiempo, es una obra de arte compleja donde, a través de una escritura poética y conceptos vinculados al pensamiento y a la filosofía que imperaban en su época, Dante pudo abordar con precisión lo mejor y lo peor del espíritu humano, así como también detallar el proceso necesario para alcanzar la felicidad y plenitud eterna.