Hasta 1962, el Siglo de las Luces sólo era el nombre de un movimiento intelectual (también conocido como Ilustración) que abarcó todas las áreas de la cultura y se caracterizó por la creencia de que se podía construir un mundo mejor a través del uso de la razón, una herramienta capaz de revertir la ignorancia y la tiranía.

Sin embargo, en el mencionado año el escritor cubano Alejo Carpentier le otorgó a esa frase un sentido mayor ya que utilizó la expresión “El siglo de las luces” para bautizar a una de sus novelas.

Esta obra de características históricas y filosóficas que se convirtió en uno de los trabajos literarios en lengua española más destacados de las últimas décadas refleja en su argumento el impacto que tuvo la Revolución Francesa en las Antillas.

Con ese acontecimiento como punto de partida, el creador de este libro optó por narrar los sueños de libertad, el proceso de aprendizaje y la evolución ideológica de los protagonistas de esta historia. Dentro de los personajes principales se puede encontrar a Sofía, una joven que reemplaza sus prejuicios iniciales por una rebeldía que la llevará hacia la muerte; a Esteban, su primo, quien sueña con cambiar al mundo y convertirlo en un espacio de libertad, igualdad y fraternidad; y a Víctor Hugues, un enigmático comerciante que pretende instalar en La Habana un conjunto de ideas revolucionarias pero también el pánico, la traición y la muerte.

En Sofía, por ejemplo, el cambio comienza a hacerse evidente cuando, en una oportunidad, asegura estar cansada de Dios y las monjas, los tutores y albaceas, los robos y de todo aquello que, hasta ese entonces, había formado parte de su realidad. Ahora, su actividad favorita parecía ser conversar sobre las revoluciones ya que, para ella, hablar, imaginar y hasta trasladarse con la mente hasta un hecho de estas características representaba la posibilidad de “hacerse un poco el dueño del mundo”.