Aunque fue escrita en noviembre de 1919, la “Carta al Padre” creada por Franz Kafka, recién se publicaría en 1952, varios años después de que el escritor checo en idioma alemán falleciera.

Como su título lo indica, ese texto está inspirado en el padre de Franz. A través de esta misiva, el autor que también publicó “La Metamorfosis”, entre otras destacadas obras, deja en evidencia una serie de críticas dirigidas hacia la conducta abusiva e hipócrita que su progenitor solía tener frente a él.

Para escribir “Carta al Padre”, Kafka utilizó sus nociones de abogacía y se valió tanto de sus vivencias más íntimas como de sus pensamientos y aptitudes literarias. Como se puede advertir al leer cada uno de los párrafos, para esta destacada figura del mundo de las letras su progenitor era el único responsable de sus fracasos personales porque, por su forma de ser y el modo de educarlo, no le dio el espacio suficiente para expresarse, así como tampoco le permitió desarrollarse como padre y esposo.

Aunque, con el tiempo, el contenido de esas líneas fue dado a conocer a nivel mundial en forma de libro y así se mantuvo a lo largo de la historia, el material nació con el objetivo de poder explicarle a su padre por qué le tenía temor, pero el mensaje jamás llegó a manos del destinatario. Según algunas versiones, el responsable de este escrito que adquirió un gran perfil biográfico, no deseaba hacer pública esta redacción (aunque le permitió a Milena Jessenska, la periodista y traductora checa que, durante muchos años, fue señalada como su enamorada, leer el original) y ya le había dado instrucciones a su amigo Max Brod para que la quemara.

Sin embargo, el editor desoyó el pedido. Gracias a él y a su decisión de no echar a perder el contenido de ese mensaje, los amantes de la literatura tienen la posibilidad de disfrutar, aún en la actualidad, de una obra maestra digna de ser leída.