De acuerdo a algunos datos históricos, entre 1883 y 1885, el filósofo alemán Friedrich Nietzsche elaboró un texto que recién fue publicada de forma completa en 1892 y que, en español, se conoció bajo el título de “Así habló Zaratustra. Un libro para todos y para nadie”.

Valiéndose de la figura de un filósofo que toma su nombre de un antiguo profeta persa que vivió en el siglo VI a.C. y fundó el zoroastrismo, en esta controvertida y célebre obra que, pese a su antigüedad, aún sigue generando interés en miles de lectores, el autor hace referencia a la muerte de Dios (hecho que, desde el punto de vista del autor, marca el momento de la madurez humana que lleva a la humanidad a prescindir de un dios que instaure pautas y límites), al superhombre (concepto creado por Nietzsche para definir a un ser capaz de establecer su propio sistema de valores), la voluntad de poder y el eterno retorno de lo idéntico.

El personaje protagonista de esta propuesta que inspiró al compositor alemán Richard Strauss a crear un poema sinfónico, es un hombre ermitaño que, desde su refugio en la montaña, comienza a reflexionar sobre la vida y la naturaleza de su especie. Tras un largo tiempo de análisis, Zaratustra decide regresar a la civilización para compartir con todos los individuos el fruto de su conocimiento.

A medida que este relato se desarrolla, no es difícil advertir que, en este trabajo, Nietzsche ha querido disimular con recursos poéticos y narraciones de ficción muchas de sus ideas y, asimismo, ofrecer una sátira del Nuevo Testamento.

Como este material donde se describen, a modo de crónica, las vivencias y enseñanzas de Zaratustra, está compuesto por capítulos algo independientes entre sí, las historias contadas en “Así habló Zaratustra” pueden ser leídas en cualquier orden.